SAGRADA FAMILIA.

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FELIZ NAVIDAD 2020 !! Y UN BUEN AÑO 2021!! SAGRADA FAMILIA, JESUS, MARIA Y JOSE.

SOCIAL CRISTIANOS.

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miércoles, 7 de agosto de 2013

PERSECUCIONES RELIGOSAS. QUINTA PARTE. ORIENTE.

PERSECUCIONES RELIGIOSAS. QUINTA PARTE. CHINA Y EL ORIENTE. 2.

China practica la peor persecución religiosa del mundo, con una veintena de obispos arrestados.
Hay siete obispos encarcelados, además de veinte sacerdotes y tres seminaristas. De algunos de ellos no se sabe siquiera si están vivos o muertos.

Cuando en un país no se sabe si numerosos obispos encarcelados están vivos o muertos, y cuando los obispos fieles al Papa pasan casi toda su vida en prisión o arresto domiciliario, Occidente no puede aceptar el chantaje de silencio por miedo a perder negocios en China. A estas alturas de integración internacional ya no es aceptable que Pekín ordene obispos a dos sacerdotes marioneta para ponerlos al frente de diócesis católicas.
Como respuesta, Benedicto XVI manifestó el jueves su «profundo disgusto». El Vaticano denunció esa «grave violación de la libertad religiosa», advirtiendo que «ahora considera necesario dar voz al sufrimiento de la comunidad católica en China», que sufre la persecución más cruel desde la de Stalin contra la iglesia católica de Ucrania. En un intento de flexibilizar su estrategia, Pekín permitirá que sea ordenado hoy en Shenyang un obispo «patriótico» que cuenta con la autorización del Papa.

Los desaparecidos.

Los datos son escalofriantes. Mientras el presidente Hu Jintao y el primer ministro Wen Jiabao van por el mundo pregonando su «progreso social», los católicos de la diócesis de Baoding no saben si el obispo Zu Shimin, encarcelado en 1997, está vivo o muerto. No saben a qué prisión fue enviado, ni han tenido ninguna noticia de él en los últimos ocho años. Lo mismo sucede con An Shuxin, obispo auxiliar de Baoding, arrestado en 1996, a quien sólo se ha visto una vez desde entonces. Ni su familia ni los fieles de la diócesis saben si continúa vivo o ha muerto en la cárcel, como le sucedió el pasado mes de enero al obispo de Yantai, Gao Kexian.
La persecución religiosa del Gobierno chino es general: contra los cristianos católicos y protestantes, los budistas tibetanos, los musulmanes, Falun Gong y todas las religiones que no acepten el nombramiento de sus líderes por el partido comunista. Y se ha recrudecido en los últimos dos años de «apertura» a Occidente, con centenares de fieles muertos bajo torturas y decenas de miles enviados a la cárcel o campos de trabajos forzados.
Por lo que respecta a los católicos -unos cinco millones en la Iglesia «patriótica» y unos ocho en la «clandestina»-, las víctimas de la persecución tienen nombres y apellidos, empezando por los 46 obispos «clandestinos», que han pasado toda su vida en la cárcel, en campos de trabajo, en arresto domiciliario o bajo estrecha vigilancia.

Entre los 7 obispos encarcelados en la actualidad hay octogenarios como el de Xiwanzi, Yao Liang, y enfermos graves como el de Wenzhou, Lin Xili. Entre los diez prelados bajo arresto domiciliario hay un paralítico, Liu Guandong, obispo de Yisian, y uno desterrado en una montaña: el obispo de Tianjin, Li Side.
En esos momentos están en la cárcel al menos 20 sacerdotes y tres seminaristas, mientras que otros muchos se encuentran en campos de «reeducación por el trabajo», los temibles «laogai» a donde cualquier comisario de policía puede enviar una persona sin necesidad de juicio hasta un máximo de cuatro años. Si al regreso no le considera suficientemente «reeducado», lo vuelve a enviar por otros dos o tres, con la misma absoluta arbitrariedad. En los «laogai», que ahora son sobre todo fábricas, viven encerrados millares de catequistas y decenas de millares de fieles.
Los datos numéricos proceden sobre todo de la Fundación Cardenal Kung (www.cardinalkungfoundation.org), con base en Estados Unidos, del Centro de Estudios del Espíritu Santo en Hong Kong, y de la agencia de noticias vaticana «AsiaNews», con sede en Roma, pero son inferiores a la realidad por el clima de amenazas contra quienes comuniquen con el exterior.
El intento de aplastar la religión católica, iniciado por Mao poco después de la victoria del comunismo pretende decapitar la jerarquía encarcelando a los obispos fieles al Papa y nombrando otros nuevos, seleccionados por el Partido Comunista Chino y fieles sólo al Gobierno de Pekín en la llamada Asociación Católica Patriótica, una de tantas organizaciones de fachada típicas de los países comunistas.

Las dos Iglesias.

Para infinita sorpresa de Pekín, sus obispos títere terminan sintiéndose verdaderos sucesores de los Apóstoles, y el 80% han pedido y obtenido la comunión con el Papa. Por eso la policía vigila y bloquea también a los obispos de la Iglesia «patriótica», aunque sin el ensañamiento que desata contra la Iglesia «clandestina». Entre los prelados de ambas Iglesias y entre los fieles crece en los últimos años un clima de simpatía y unidad después de largas décadas de desprecio mutuo.
Buena parte de las 138 diócesis de China carecen de obispo, pues hay sólo 120 prelados -con una edad media de 74 años- de los que 74 forman parte de la Iglesia «patriótica» y disponen de catedrales e iglesias abiertas, mientras que los otros 46 dirigen la Iglesia «clandestina», oficiando la liturgia en casas e iglesias improvisadas cuando es posible. Con ellos colaboran 1.740 sacerdotes oficiales y 1.000 clandestinos, además de 3.500 religiosas oficiales y otras 1.700 en la clandestinidad.

La experiencia de vivir con riesgo de cárcel o tortura por hablar de Jesucristo no se limita a China. La lista negra de los países más crueles en su persecución religiosa incluye a Vietnam y Corea del Norte, seguidos de Indonesia y Pakistán. El fundamentalismo que Arabia Saudita practica mediante un cuerpo de «policía religiosa», que reprime la mínima actividad de culto fuera de embajadas o casas privadas, no es el único daño del wahabismo pues Arabia Saudita financia predicadores fundamentalistas que siembran la violencia contra los cristianos en muchos lugares del mundo. En África, las mayores tragedias tienen lugar en Sudan y en Nigeria, mientras que en América los peores países son Cuba y Colombia.

Fuente: ABC (España)

PERSECUCIONES RELIGOSAS. CUARTA PARTE. CHINA.

PERSECUCIONES RELIGIOSAS. CUARTA PARTE. CHINA Y EL ORIENTE. 1.

Los cristianos católicos sufren persecución religiosa en numerosos países.
Bajo la violencia y las persecuciones, la situación de la libertad religiosa en el mundo sigue siendo crítica.

La persecución religiosa y la violencia contra los cristianos sigue siendo fuerte en China, en Cuba, así como en varias naciones de África y en casi todos los países islámicos del Golfo, según el Informe sobre la Libertad Religiosa en el Mundo 2005, elaborado por la organización internacional Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN) y presentado en Roma con la participación del cardenal Renato Martino, presidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz, y Pier Ferdinando Casini, presidente de la Cámara de Diputados italiana.

«Bajo la violencia y las persecuciones, la situación de la libertad religiosa en el mundo sigue siendo crítica», advierte el informe. Se destaca que «la situación es muy grave en China, donde 19 obispos fueron arrestados o impedidos de ejercer su ministerio». Aunque el país más represivo continúa siendo Arabia Saudita, ha habido ataques mortales contra los cristianos en Nigeria y Uganda, así como en la India e Indonesia. En Europa se constatan retrocesos en Francia por la prohibición del velo, y en España por la hostilidad del Gobierno. «Violencia, imposiciones, persecuciones» es cómo AIN ha descrito la situación de la libertad religiosa en el mundo en el 2004. El informe de AIN ha cubierto todos los países del mundo.

Entre los países a examen estaban las antiguas repúblicas soviéticas, donde todavía se encuentran estrictos controles sobre la religión. En estas repúblicas, dice el informe, «la influencia ejercida por el ateísmo ideológico sobre los funcionarios del estado es todavía extremadamente poderosa». En Bielorrusia, por ejemplo, «el estricto control del Estado sobre toda expresión de culto tiende a sofocar los sentimientos religiosos de la gente». Aunque inicialmente el presidente Alexander Lukashenko pareció ponerse del lado de la Iglesia ortodoxa, más adelante prometió que asistiría y cooperaría con la Iglesia católica, observaba AIN.

En la república de Georgia ha habido mejoras con el nuevo presidente Mikheil Saakashvili, que sustituyó a Eduard Shevardnadze en 2004. Desde el cambio ha habido un descenso en el número de ataques violentos contra los grupos religiosos minoritarios, pero sigue habiendo problemas para la Iglesia católica en cuanto a la devolución de las propiedades confiscadas durante el periodo soviético. La mayoría de las propiedades fueron entregadas por el gobierno a la Iglesia ortodoxa de Georgia.

En Turquía, el respeto por las minorías religiosas «sigue siendo totalmente insatisfactorio», indica el informe. Se niega de manera efectiva a los cristianos el acceso a los puestos institucionales civiles y militares, y es prácticamente imposible construir iglesias. Además, las confesiones no islámicas no tienen reconocimiento civil y no se les permite poseer nada. Un signo esperanzador tuvo lugar el 21 de junio del 2004, en que el primer ministro turco, Recep Tayyp Erdogan, recibió a los obispos católicos del país, que presentaron dos peticiones: reconocimiento jurídico para la iglesia, y la creación de un comité mixto para preparar y poner en práctica este estatus jurídico futuro.


En Asia.

«Durante el 2004, la libertad religiosa sufrió violaciones graves y sistemáticas en China», indica el informe. El gobierno de Pekín permite la actividad religiosa sólo de las asociaciones registradas. Concibe la religión como actividad al servicio de la seguridad del estado y del progreso de la nación. Así, la libertad de creencia no es un derecho innato de la gente sino una concesión del estado.

La nueva legislación nacional sobre religión ha traído pocas mejorías reales. Contiene disposiciones que permiten al gobierno arrestar y encarcelar como criminales comunes a quienes actúen fuera de las organizaciones controladas. No obstante, las iglesias siguen atrayendo en el país a un número cada vez más grande de seguidores. Además, las conversiones a grupos cristianos han aumentado entre profesores, intelectuales y estudiantes. Durante el 2004 hubo una serie de detenciones de católicos clandestinos que practicaban su fe fuera de las asociaciones reconocidas. Se ha informado de arrestos, intimidaciones, participación obligatoria en cursos de adoctrinamiento e interrogatorios en las regiones de Fujian, Zhejiang, Mongolia interior, Henan y especialmente en Hebei.

En Corea del Norte, durante los últimos 50 años han desaparecido 300.000 cristianos, indicaba el informe. Los creyentes están obligados a registrarse en organizaciones controladas por el Partido Comunista. Quienes no lo hagan se enfrentan a frecuentes y brutales persecuciones. Todavía falta mucho para que la libertad de religión sea global.

Fuente:Catholic.net

Autor: Resumen de varias fuentes | Fuente: www.iuscanonicum.org

PERSECUCIONES RELIGIOSAS. TERCERA PARTE. URSS.

PERSECUCIONES RELIGIOSAS. TERCERA PARTE.

PERSECUCIONES RELIGOSAS EN LA EX URSS Y LAS EX REPUBLICAS COMUNISTAS EN EUROPA.

En los comienzos de la revolución soviética no hubo una persecución despiadada a la religión cristiana y específicamente contra la Iglesia Católica, más que otras religiones e iglesias que existían en el país. A partir del decreto de 1918, que prohibió a la Iglesia Católica poesía en propiedades, igual sucedió a la religión musulmana, mientras que otras como la Ortodoxo, la protestante y judía solo en parte. Dicho decreto asimismo estableció como delito el enseñar religión a menores de 16 años; los monasterios y las escuelas teológicas fueron clausurados.

La persecución fue general, contra todas las religiones (entre ellas la musulmana, la judía, la budista; pero con especial y malvado énfasis contra el catolicismo que prácticamente dejó de existir en la URSS). En 1920, el gobierno soviético, muy hábilmente dividió para reinar entre las iglesias cristianas, favoreciendo más a la Iglesia Ortodoxa y utilizando también a sus sacerdotes como confesores espías del pueblo, para que luego la KGB, arrestara a todos aquellas personas que se confesara ingenuamente con los sacerdotes ortodoxos como contraria al comunismo.

Se creó así una falsa iglesia cristiana ortodoxa, totalmente dirigida por el gobierno comunista. A la muerte del Patriarca Tikhon (1925) no pudo nombrarse sucesor sino hasta 1927 en que el Patriarca Sergio de Moscú, logrando un acuerdo limitado con Stalin, el cual no fue respaldado por los obispos y resultó así pretexto para nuevas persecuciones contra todas las iglesias cristianas. En 1929 se emite la "Ley de Asociaciones Religiosas" que formaliza la extradición religiosa de sacerdotes, más claramente la expulsión de los sacerdotes por creen Dios y no en estado ateo soviético y prepara el terreno para la gran persecución que habrá durante la Gran Purga (1934-7).

La Constitución soviética de 1936 se garantiza legalmente la propaganda antirreligiosa estatal (que era una realidad) como la libertad individual de cultos (que era una mentira constitucional), en 1939 sólo pocos cientos de templos y un par de iglesias cristianas estaban funcionando en la U.R.S.S., cuando antes había miles de templos y decenas de iglesias cristianas, casi no existían sacerdotes.
En 1940 cuando los alemanes invaden la URSS, ante el miedo del gobierno soviético que el pueblo cristiano se pasara con el enemigo y tener una quinta columna, se prometió que a partir del siguiente año se abrirían las puertas a la libertad religiosa con algunos controles del estado. Se realizó muchas concesiones en especial a la Iglesia Ortodoxo, haciéndose propaganda de la bondad del gobierno soviético para una nueva visión de la religión en la URSS. Se abrieron veinte iglesias, ocho seminarios para el entrenamiento de clérigos, dos academias para estudios teológicos avanzados y algunos monasterios; se eligió a Sergio como Patriarca y a su muerte (1944) un sínodo de 44 obispos eligió al Metropolitano Alexis de Leningrado como Patriarca, en 1945.

Una vez terminada la Segunda Guerra Mundial y de nuevo con el poder absoluto asegurado, el gobierno marxista comunista de Stalin y sus sucesores soviéticos, volvieron a cargar contra todos los cristianos, en especial contra los sacerdotes católicos que quedaban. Las persecuciones religiosas, estuvieron a la orden del día, un estado que se jactaba de ser ateo, no podía permitir que se hablara de Dios o que Jesús estuviera más arriba en el orden de jerarquía que Stalin, que era considerado “el padrecito de las patrias comunistas”.
A la Iglesia Ortodoxa, tanto en la URSS, como en las naciones del Pacto de Varsovia, que era la alianza comunista contrapuesta a la OTAN, se la obligó a acomodarse a las necesidades del gobierno, que era lisa y llanamente el espionaje del pueblo por la KGB, debiendo informar todo al gobierno y al servicio secreto soviético. Se trató de eliminar a todos los católicos ucranianos (Iglesia uniata, disuelta en 1946), a los luteranos, y a los católicos romanos. Se ordenó a la Iglesia ortodoxa rusa que se opusiera al Vaticano y al Concilio Mundial de Iglesias, esta así lo hizo, para evitar ser perseguidos sus sacerdotes ortodoxos.

El pueblo veía con amor y simpatía a los sacerdotes católicos, siguiendo a escondidas en sus hogares las homilías, que a veces personalmente o a través de volantes eran leídas y escuchadas en cada hogar detrás de las cortinas de hierro comunista.

Es así como muchos sindicatos como Solidaridad, en Polonia, muchos obreros eran católicos, comenzaron a solicitar mejores condiciones de vida para sus trabajadores, que vivían con salarios que no les alcazaba para mantener a ellos y sus familias, bajo el régimen comunista. También a pedir mayores libertades, como de expresión, de pensamiento, de religión.

Es así como se produjeron los hechos que todos conocemos, en Hungría de 1953, pidiendo el pueblo en las calles libertad, y como después entraron los tanques soviéticos comunistas de la URSS, para aniquilar a los jóvenes que reclamaban libertad.

Esa fue la primera llama que hizo ver a los pueblos bajo el dominio soviético comunista que no eran libres, sino esclavos de un sistema sin libertad, sin vida. También fue la primera piedra para la destrucción del sistema que se decía defensor de los trabajadores y asesinaba trabajadores jóvenes que se manifestaban pacíficamente solicitando cambios pacíficos, de más libertad.
Un grito de libertad que no quisieron escuchar porque sabían que todo se les caerían a los esclavistas comunistas si aceptaban las ideas de esos jóvenes húngaros, como desde las fuerzas armadas y policiales húngaras no se quería actuar contra sus conciudadanos, se invadió Hungría con los tanques rusos soviéticos comunistas para reprimir a la juventud húngara.

La segunda llama de libertad se dio en la Primavera de Praga en la ex Checoslovaquia, en mayo de 1968. Cuando en París algunos jóvenes por mentiras de los comunistas incitaban a la revolución comunista en Francia. Los jóvenes checos, salieron a pedir libertad y fueron reprimidos, asesinados por los tanques y ejército soviético, dando muestras de la falsedad una vez más, de las libertades que existía en las naciones comunistas. Esto se pudo ver a través de la tv francesa, haciendo que algunos reflexionaran sobre la gran mentira del sistema comunista, aun cuando otros seguirían creyendo en las falsas propagandas soviéticas. En todas estas situaciones históricas, de Hungría, Checoslovaquia, después en Polonia, en 1984 en adelante, la persecuciones contra los católicos y en especial contra los sacerdotes de la Iglesia Católica, era grande, por cuanto se los consideraban enemigos públicos número uno de los gobiernos comunistas del mundo.

La política soviética hacia la religión se basaba en la ideología de la marxismo-comnista leninista, lo que hizo el ateísmo la doctrina oficial del Partido Comunista, aunque, en teoría, cada constitución Soviética sucesiva concedió la libertad de creencias.

La religión es el opio del pueblo: esta frase de Marx es la piedra angular de toda la ideología del marxismo sobre la religión. Todas las religiones e iglesias modernas, todas y de todo tipo de organizaciones religiosas son siempre considerados por el marxismo como los órganos de la reacción, utilizado para la protección de la explotación y la estupefacción de la clase obrera. El marxismo-comunismo - leninismo ha abogado por la supresión, y, en definitiva, la desaparición de las creencias religiosas, por considerar que son "poco científicas" y "supersticiosas".


En los años 1920 y 1930, organizaciones como la Liga de los Militantes sin Dios estaban activos en la propaganda anti-religiosa.
El ateísmo era la norma en las escuelas, las organizaciones comunistas la Organización de Pioneros, niños que se adoctrinaban contra todo lo que era religioso, contra Dios. Los enviaban a las iglesias, con las maestras, para que destruyeran todo lo que había allí, si un sacerdote quería impedírselos, este iba preso por atacar a un menor y hasta podía se les acusaba de crímenes contra la infancia. Estos mismos pioneros eran adoctrinados desde pequeños y obligados a declarar contra sus padres y familiares, si profesaban alguna fe religiosa o si hablaban contra el estado comunista. En los medios de comunicación comunistas se emitían programas que se adoctrinaban a la población y se repetía que las religiones eran todas falsas y que Dios no existía.

No hay cifras exactas, por que muy hablimente el sistema comnunista destruyo a su caida todo registro al respecto. En la ex URSS, como en la ex Republica Alemania comunista, cuando se estaba cayendo el regimen, se producjeron grandes incendios en los edificios de la policia secreta, la KGB y la STASI, que destruyeron millones de archivos de personas asesinadas.
Se calcula que fueron millones de cristianos fueron enviados a los Gulag, campos de trabajo forzados, hasta la muerte, por el simple hecho de no negar a Jesús y bendecir a Stalin o al líder de turno comunista.
Miles de sacerdotes y laicos que ayudaban en los templos, fueron asesinados en el acto de ser encontrados, por solo hecho de odio a la fe en Jesús.
Miles de templos fueron destruidos, sin contar en la lista los cientos de capillas, parroquias y obras católicas destruidas. Cientos de cruces destruidas o usadas como madera para encender fuego a las mismas iglesias que destruían las fuerzas comunistas.
La población era usada por las fuerzas soviéticas de seguridad del estado, como forma de decir que era algo de justicia popular aquellos actos de asesinato y destrucción.

Ningun jerarca comnunista fue juzgado por que se Gorbachov como forma de pacificar el país antes de perder la elección con Yelsin, creo una ley de Anmistia general e irrestricta para todos los jerarcas comunistas de la ex URSS, igual se hizo en otras naciones ex comunistas. Esto nunca fue cambiado, o se busco la aclaración por los crimes de Lesa Humanidad cometidos por las autoridades comunistas. Ningun gobierno que vino despues del caida del Muro de Berlin y la disolución de las naciones comunistas hizo nada por aclarar estos crimenes y llevar a prisión a los criminales contras civiles cristianos y los sacerdotes.

Nada de esto parece que importa ahora y nada de esto se habla, parece que este Holocausto, Genocidio de millones de personas, planificado y llevado a término durante 72 años, no importa. Parece que solo importa un solo Holocausto, un solo Genocidio, a nivel mundial, que la muerte de millones de cristianos laicos y sacerdotes católicos es sin importancia. Hasta algunos ven todavía al comunismo como algo bueno y beneficioso para la Humanidad.

Pero el tiempo harán que se ponga las cosas en su lugar a su debido momento, entonces se verá con claridad la mentira y la verdad, los que son buenos y los que son falsamente buenos, los que son malos y los que hacen el bien de verdad.

Las naciones comunistas de ayer como las de hoy, eran y son un mundo donde nunca se puede hablar de Jesús, donde se dice que Dios no existe, que se ha enterrar a todo lo religioso y que no se pued creer en Dios.

Donde ayer no se podía hablar de Jesús, sin ir a la carcel, hoy el muro de la mentira y la vergüenza ha caído, hoy se puede gritar a viva voz:

Jesús Vence, Jesús Impera!!.

VIVA CRISTO REY!!.

martes, 6 de agosto de 2013

DERECHOS FUNDAMENTALES DE LA PERSONA HUMANA.

DERECHOS FUNDAMENTALES DE LA PERSONA HUMANA.

DOTRINA SOCIAL CRISTIANA DE LA IGLESIA CATÓLICA.

Características de los derechos fundamentales.


A la luz de las verdades reveladas y del estado actual de la civilización, el Magisterio de la Iglesia Católica ha establecido las características de los derechos fundamentales de la persona humana.

a) Existencia.


Los derechos fundamentales no consisten simplemente en unas ideas o en unos deseos más o menos asequibles, se trata de verdaderos derechos existentes e íntimamente ligados a la naturaleza humana, de modo que cuando se conculca alguno de ellos, se lesiona gravemente, por eso mismo, a la persona.
Enseña Pío XI :

«Dios ha enriquecido al hombre con múltiples y variadas prerrogati-vas: el derecho a la vida y a la integridad corporal; el derecho a ... » (Divini Redemptoris, 27, CE 161, DP-11 686)-,

e igualmente que :

«el hombre, en cuanto que persona, tiene derechos recibidos de Dios» (Pío XI, Mit Brennender Sorge, CE 147/28, DP-11 6591[351; cfr Pío XII, rm 24-XII-1942, CE 355132, DP-11 8501[37]).


b) Son sagrados.

Los derechos fundamentales del hombre son sagrados, porque responden al plan de Dios, que dotó al hombre de alma racional y le creó a imagen y semejanza suya, habiéndole dado la misma naturaleza y el mismo origen. Todo hombre, además, redimido por Cristo, disfruta de la misma vocación y de idéntico destino sobrenatural (cfr Gaudium et Spes, n. 29; Pío Xi Divini Redemptoris, 28 y 30, CE 161s, DP-11 686s, Mit Brennender Sorge, CE 146128, DP-11 6581[351).


c) Son fundamentales.

En numerosos documentos y pasajes llama el Magisterio de la iglesia a estos derechos «fundamentales», porque son como la base o fundamento de cualquier relación interpersonal; porque son expresión de lo más importante del hombre: su naturaleza personal y su vocación a participar de la vida divina. Sólo si se respetan estos derechos se produce realmente la unidad moral del género humano, de la que la Iglesia es en Cristo como sacramento, es decir, signo e instrumento de esa unidad (cfr Lumen Gentium, n. l).

Al ser creados todos los hombres a imagen de Dios y dotados de alma racional, tienen todos la misma naturaleza y el mismo origen. Además, redimidos por Cristo, disfrutan de la misma vocación y de idéntico destino sobrenatural, lo que hace que todos los hombres tengan una igualdad fundamental, que debe ser reconocida a todos los niveles, individual y social, humano y sobrenatural (cfr Gaudium et Spes, n. 29).

En contra de la conciencia universal de considerar los derechos del hombre como fundamentales, se levantan dos doctrinas. El marxismo sacrifica estos derechos a la organización colectiva de la producción, dándole un directo carácter materialista. Por su lado, algunas doctrinas liberales se oponen a las reformas indispensables en el ámbito social, en nombre de una falsa libertad (cfr Gaudium et Spes, n. 65; León XIII, Li bertas Praestantissimum, CE 68116ss, DP-11 2371[11]ss, Pío XI, Quadragesimo Anno, CE 467140ss, DP-111 674/[109ss], OGM 101ss; Pío XI, Divini Redemptoris, CE 154ss, DP-111 759ss; Pío XII, rm 24-XII1941, CE 338ss, DP-11 826ss; Juan XXIII, Mater et Magistrao CE 2235-2274, DP-111 1139-1251, OGM 130-200).


d) Son originarios.

Se llaman originarios porque estos derechos tienen su origen o razón de ser en los fines existenciales propios de la naturaleza individual y social de la persona humana. No son una concesión de la autoridad, ni un logro de la cultura, aunque no pocas veces el correr de la historia ha esclarecido la conciencia de los mismos, pero su origen, su fundamento radica en el propio ser del hombre.

Niegan tal originalidad las doctrinas totalitarias y colectivistas, las cuales afirman que los derechos de los individuos derivan del derecho de la colectividad y, de hecho, del Estado, al que consideran como el único titular originario de los derechos.

Juan XXIII enseña que estos derechos, con sus respectivos e inseparables deberes,

«tienen en la ley natural, que los confiere o los impone, su origen, su mantenimiento y su vigor indestructibles (Juan XXIII, Pacem in Terris, 28, CE 2539, OGM 218, efr Plo XI, «derechos personales que le han sido concedidos al hombre por el Creador», Divini Redemptoris, 30. CE 162, DP-11 687).


e) Son inviolables.

Los derechos fundamentales de la persona humana son inviolables, por cuanto que no quedan anulados aunque alguien impida por la fuerza el ejercicio de los mismos. Esta condición de inviolabilidad les viene de ser originarios, de estar fundamentados en la naturaleza y en los deberes morales propios de todo ser humano. En consecuencia

«es un deber esencial de toda autoridad civil proteger y promover los derechos inviolables del hombre» (Dignitatis Humanae, n. 6).

La inviolabilidad de estos derechos, además, exige que se facilite al hombre, o que no se le prive en su caso, de todo aquello sin lo cual tales derechos quedarían mermados o sin posibilidad de ser ejercitados (cfr Pío XI, Mit Brennender Sorge, CE 147128, DP-11 659/[351).

Dice Pío XII que :

«hay ciertos derechos y libertades del individuo -de cada individuo- o de la familia que el Estado debe siempre proteger y que nunca puede violar o sacrificar a un pretendido bien común» (disc S-VIII-1950, DP-11 978/[6]).

«La obligación de su cumplimiento es una emanación de la naturaleza y del derecho natural»(Pío XII, dise 13-X-1955, CE 304/9, DP-11 10461[17]; cfr Pío XI, Divini Redemptoris, 23 y 30, CE 160 y 162, DP-11 683 y 687).


f) Son inalienables.

El hombre no puede renunciar a los derechos fundamentales, porque no puede eximirse de los deberes y de las responsabilidades morales en los que se fundamentan los derechos originarios. As!, por ejemplo, los padres no pueden renunciar al derecho de educar a sus hijos, porque todo hombre tiene un derecho inalienable a una educación adecuada (cfr Gravissimum Educationis, n. 1; Pío XI, Mit Brennender Sorge, CE 147129; DP-11 659/[361).


g) Son universales.

La naturaleza esencial de todos los hombres, con sus fines existenciales, dan a los derechos fundamentales de la persona humana un carácter universal, cualesquiera que sean las razas, pueblos, culturas o épocas históricas. Todo hombre, por el simple hecho de serio, tiene derecho a la dignidad de su naturaleza y, consiguientemente, a que todos los individuos y sociedades le respeten los derechos fundamentales.

A este respecto dice Juan XXIII.

«Ninguna ¿poca podrá borrar la unidad social de los hombres, puesto que consta de individuos que poseen con igual derecho una misma dignidad natural. Por esta causa, será necesario, por imperativos de la misma naturaleza, atender debidamente al bien universal, es decir, al que afecta a toda la familia humana» (Juan XXIII, Pacem in Terris, 132, CE 2557, OGM 246).

Consiguientemente, todos los poderes públicos y los organismos internacionales

«han de atender principalmente a que los derechos de la persona humana se reconozcan, se tengan en el debido honor, se conserven incólumes y se aumenten en realidad» (Ibid, 139, CE 2558, OGM 248).

Los derechos del hombre son universales (cfr Gaudium et Spes, n. 26). De ahí que

«toda forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por motivos de sexo, raza, color, condición social, lengua o religión, debe ser vencida y eliminada, por ser contraria al plan divino» (Ibid, n. 29).


h) Están jerarquizados.

Aunque los derechos fundamentales tienen su asiento en la naturaleza humana en cuanto tal, es decir, en la realidad existencias de haber sido creada por Dios, redimida por Jesucristo y llamada a la intimidad divina, ello no quiere decir que todos los derechos tengan la misma categoría o relevancia. Al contrario, unos tienen prioridad sobre otros, ya sea por el distinto valor de su contenido, ya lo sea por las circunstancias del individuo, de la sociedad en la que vive e, incluso, por la conciencia colectiva que sobre algunos de ellos pueda darse en las distintas épocas históricas.

Así, por ejemplo, es evidente que el derecho a la propia existencia está por encima del derecho a la integridad corporal, porque la vida tiene más valor que una parte del cuerpo. Asimismo, el derecho a la integridad corporal tiene más importancia que el derecho que protege lo que hoy suele entenderse por una vida verdaderamente humana, en la que entran una variedad de factores muy diversos, algunos de los cuales no siempre pueden llevarse a cabo; piénsese, por ejemplo, en la pavimentación de las calles, en el teléfono y en las seguridades jurídicas.

En cuanto al valor del contenido de los derechos, el cristiano sabe que su fe es el valor más grande con el que ha sido dotado por Dios. La historia de los mártires expresa de modo elocuente cómo es sabio perder la vida humana para no lesionar los derechos de Dios y para no arriesgar la salvación propia. Cristo nos enseña a jerarquizar los valores de nuestra vida:

«Os digo a vosotros, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más. Os mostraré a quién debéis temer: temed a Aquel que, después de matar, tiene poder para arrojar a la gehenna´ sí, os repito: temed a ése ... Yo os digo: Por todo el que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios.

Pero el que me niegue delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios»(Le 12, 4-5, 8-9)


i) Deben enfocarse con sentido teológico.

De las consideraciones anteriores fácilmente se deduce la importancia de enfocar el estudio y el planteamiento de los derechos del hombre en sentido teológico, puesto que

«no hay ley humana que pueda garantizar la dignidad personal y la libertad del hombre con la seguridad que comunica el Evangelio de Cristo, confiado a la Iglesia. El Evangelio anuncia y pro clama:

-la libertad de los hijos de Dios;

-rechaza todas las esclavitudes (cfr Rom 8, 14-17), que derivan, en última instancia, del pecado;

-respeta santamente la dignidad de la conciencia y -su libre decisión;

-advierte sin cesar que todo talento humano debe redundar en servicio de Dios y en bien de la humanidad;

-encomienda, finalmente, a todos a la caridad de todos (cfr Mt 22, 39)...

La Iglesia Católica, pues, en virtud del Evangelio que se le ha confiado, proclama los derechos del hombre y reconoce y estima en mucho el dinamismo de la época actual, que está promoviendo por todas partes tales derechos. Debe, sin embargo, lograrse que este movimiento quede imbuido del espíritu evangélico y garantizado frente a cualquier apariencia de falsa autonomía. Acecha, en efecto, la tentación de juzgar que nuestros derechos personales solamente son salvados en su plenitud cuando nos vemos libres de toda norma divina. Por ese camino, la dignidad humana no se salva; por el contrario, perece» (Gaudium et Spes, n. 41, efr Pío XI, Divini Redemptoris, 21 y 30, CE 159 y 162, DP-11 682 y 687, Pío XII, rm 24XII-1942, CE 347ss, DP-11 840ss).

PERSECUCIONES RELIGIOSAS. SEGUNDA PARTE. MEXICO.

PERSECUCIONES RELIGIOSAS. SEGUNDA PARTE. MEXICO.

LA GUERRA CRISTERA.



La Guerra Cristera (también conocida como Guerra de los Cristeros o Cristiada) en México fue un conflicto armado que se prolongó desde 1926 a 1929 entre el gobierno de Plutarco Elías Calles y milicias de laicos, presbíteros y religiosos católicos que resistían la aplicación de legislación y políticas públicas orientadas a restringir la participación de la Iglesia católica sobre los bienes de la nación así como en procedimientos civiles.


El gobierno del general Obregón (1920-24), nuevo presidente, llevó adelante el impulso perseguidor de la Constitución mexicana: se puso una bomba frente al arzobispado de México; se izaron banderas de la revolución bolchevique -lo más progresista, en aquellos años- sobre las catedrales de México y Morelia; un empleado de la secretaría del Presidente hizo estallar una bomba al pie del altar de la Virgen de Guadalupe, cuya imagen quedó ilesa; fue expulsado Mons. Philippi, Delegado Apostólico, por haber bendecido la primera piedra puesta en el Cerro del Cubilete para el monumento a Cristo Rey.


La revolución del general Venustiano Carranza, que le llevó a la presidencia (1916-20), se caracterizó por la dureza de su persecución contra la Iglesia. En el camino hacia el poder, sus tropas multiplicaban los incendios de templos, robos y violaciones, atropellos a sacerdotes y religiosas.
La Constitución mexicana de 1917 establecía una política que negaba la personería jurídica a las iglesias, prohibía la participación del clero en política, privaba a las iglesias del derecho a poseer bienes raíces e impedía el culto público fuera de los templos. Algunas estimaciones ubican el número de personas muertas en un máximo de 250 mil,5 entre civiles, efectivos de las fuerzas cristeras y del Ejército Mexicano.


En 1927, el nuevo presidente Plutarco Elias Calles y José Fernando Rodríguez Rojas, general del gobierno mexicano, promovieron la reglamentación del artículo 130 de la Constitución a fin de contar con instrumentos más precisos para ejercer los controles que la Constitución de 1917 estableció como parte del modelo de sujeción de las iglesias al Estado aprobado por los constituyentes. Estos instrumentos buscaban limitar o suprimir la participación de las iglesias en general en la vida pública, pero dadas algunas características de la legislación, en algunos estados se llegaron a establecer leyes que obligaban a que los ministros de culto fueran personas casadas7 y se prohibía la existencia de comunidades religiosas. Es posible afirmar que la ley tenía un claro sentido anti-católico por ser esta confesión la única que en México contaba con ministros celibes y con comunidades en las que las personas decidían convivir.


Reformando el Código Penal, la Ley Calles de 1926, expulsa a los sacerdotes extranjeros, sanciona con multas y prisiones a quienes den enseñanza religiosa o establezcan escuelas primarias, o vistan como clérigo o religioso, o se reúnan de nuevo habiendo sido exclaustrados, o induzcan a la vida religiosa, o realicen actos de culto fuera de los templos... Repitiendo el truco de los tiempos de Juárez, también ahora desde una Secretaría del gobierno callista se hace el ridículo intento de crear una Iglesia cismática mexicana, esta vez en torno a un precario Patriarca Pérez, que finalmente murió en comunión con la Iglesia.


"Escena de Viernes Santo en pleno siglo XX", del archivo del Presbítero mexicano Jesús María Rodríguez †.


La ley reglamentaria del 130 constitucional facultaba, siguiendo el dictado de la Constitución, a los gobernadores de los estados de la República a imponer cuotas y requisitos especiales a los "ministros del culto". Tal fue el caso de los gobernadores más radicales, como Tomás Garrido Canabal del estado de Tabasco quien decretó normas que iban incluso más lejos, pues obligaban a los "ministros del culto" a ser personas con estado civil de casados para poder oficiar, mientras que en estados como Chihuahua se pretendió forzar a la Iglesia católica a operar con un número mínimo de presbíteros, mientras que en Tamaulipas se prohibió oficiar a los sacerdotes extranjeros.


Es de 1925, con apoyo de la CROM (Confederación Regional Oberera Mexicana – de extracción dindicalista marxista socialista comunista), se creó una falsa Iglesia Católica Mexicana, dotándola de edificios, recursos y medios para romper con El Vaticano. Confrontada con esta situación, la verdadera Iglesia Católica, intentó reunir dos millones de firmas para proponer una reforma constitucional. La petición de los católicos mexicanos fue rechazada. Los católicos llamaron y realizaron un boicot para no pagar impuestos, minimizar el consumo de productos comercializados por el gobierno, no comprar billetes de la Lotería Nacional, ni utilizar vehículos a fin de no comprar gasolina. Esto causó severos daños a la economía nacional, al tiempo que sirvió para que las posiciones de distintos grupos dentro de la propia Iglesia católica en México se radicalizaran.


LOS CRISTEROS.

La radicalización hizo que en zonas de los estados de Guanajuato, Jalisco, Querétaro, Aguascalientes, Nayarit, Colima, Michoacán y parte de Zacatecas, en la Ciudad de México, y en la península de Yucatán creciera un movimiento social que reivindicaba los derechos de libertad de culto en México. La dirigencia del movimiento, cercana pero autónoma respecto de los obispos mexicanos, creyó viable una salida militar al conflicto. En enero de 1927, empezó el acopio de armas; las primeras guerrillas estuvieron compuestas por campesinos. El apoyo a los grupos armados fue creciendo, cada vez se unían más personas a las proclamas de ¡Viva Cristo Rey! y ¡Viva Santa María de Guadalupe! lanzadas por quienes fueron conocidos como los cristeros.

En una carta dirigida a la prensa, el gobierno y el mundo entero los Cristeros expresan que “Los combatientes dan la sangre y la vida por cumplir un santo deber, el de conquistar la libertad de la Iglesia Católica». Ante el abuso gravemente injusto del poder, «existe el derecho de resistir y de defenderse, ya que habiendo resultado vanos todos los medios pacíficos que se han puesto en práctica, es justo y debido recurrir a la resistencia y a la defensa armada». Le recuerdan también los Obispos que éste «es el sentir de la mayoría de nuestros Hermanos [Obispos] de México», y también el de «los Padres de la Compañía, no sólo en México, sino en Europa y especialmente en Roma».

El origen del sustantivo cristero es disputado. Hay quienes consideran que fueron ellos mismos quienes utilizaron el nombre primero para identificarse, pero hay investigadores del fenómeno, como Jean Meyer, quienes consideran que, en sus orígenes, era una expresión despectiva, usada por agentes del gobierno federal, derivada de cristiano.

En todo caso, los que se conocían como cristeros fueron capaces de articular rápidamente una serie de descontentos locales con las consecuencias de la Revolución Mexicana, así como de aglutinar en torno suyo a grupos que, por distintas razones, se oponían a lo que ya para entonces se conocía como el "Grupo Sonora", nombre creado por el origen sonorense de los presidentes Adolfo de la Huerta, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles. No sólo eso, la Cristiada, como también se le conoce, logró un uso muy eficaz de símbolos religiosos profundamente arraigados en las prácticas colectivas en México. Este uso de símbolos como la Virgen de Guadalupe.

La Guerra.
Uno de los movimientos más importantes fue el ocurrido en Valparaiso , cuando el 14 de agosto de 1926 por la noche apareció don Pedro Quintanar, personaje de gran importancia en toda la lucha cristera. Se preparó el levantamiento que Aurelio Acevedo y sus amigos tenían preparado desde el primero de agosto, ya que el gobierno al saber de la presencia de Quintanar se movilizó más rápido. Se realizó la movilización en Peñitas y Peñas Blancas. Quintanar entraba a combate el 29 de agosto a Huejuquilla el Alto (Jalisco), comenzó así, la primera lucha cristera en forma, quedando como vencedores con el grito ahora triunfante de: ¡Viva Cristo Rey!.
Pío XI bendice el grito:

¡Viva Cristo Rey!.

El 17 de mayo de 1927. •Unos años antes de los sucesos que nos ocupan, en 1914, San Pío X, a petición de los Obispos mexicanos, había autorizado, como «un proyecto para Nos indeciblemente grato», consagrar a Cristo Rey la república de México, y poner corona real en las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús, colocando también cetro en su mano, para significar así su realeza.

Los alzamientos siguieron en Jalisco, Nayarit, Zacatecas, Guanajuato y Michoacán por el año 1926, luego se sumó casi la totalidad del centro del país. El conflicto tuvo un carácter fundamentalmente rural aunque la dirección de la Liga fue eminentemente urbana. Los cálculos más optimistas consideran que hacia 1927, las fuerzas cristeras rondaban los 12 mil efectivos y dos años después, en 1929, habían alcanzado los 20 mil. Semejantes números son dignos de consideración por varias razones. En primer lugar, los obispos mexicanos, con muy contadas excepciones se distanciaron rápidamente del movimiento armado, desconocieron a la Liga y trataron de negociar la paz con el gobierno de Calles con la mediación del gobierno de los Estados Unidos.

A medida que pasaban los meses, las reticencias de la Iglesia para apoyar a los cristeros iban creciendo, también en Roma. Recordemos que la doctrina tradicional de la Iglesia reconoce la licitud de la rebelión armada contra las autoridades civiles con ciertas condiciones: 1, causa muy grave; 2, agotamiento de los medios pacíficos; 3, que la violencia empleada no produzca mayores males que los que pretende remediar; 4, que haya probabilidad de éxito (Pío XI, Firmissimam constantiam 1937: Dz 3775-76).

Pues bien, la persecución de Calles daba claramente las dos primeras condiciones. Pero algunos Obispos tenían dudas sobre si se daba la tercera, pues pasaba largo tiempo en que el pueblo se veía sin sacramentos ni sacerdotes, y la guerra producía más y más muertes y violencias. Y aún eran más numerosos los que creían muy improbable la victoria de los cristeros. No faltaron incluso algunos pocos Obispos que llegaron a amenazar con la excomunión a quienes se fueran con los cristeros o los ayudaran.

Aprobaron la rebelión armada los Obispos Manríquez y Zárate, González y Valencia, Lara y Torres, Mora y del Río, y estuvieron muy cerca de los cristeros el Obispo de Colima, Velasco, y el arzobispo de Guadalajara, Orozco y Jiménez, quienes, con grave riesgo, permanecieron ocultos en sus diócesis, asistiendo a su pueblo.
Agosto de 1926. Muchos campesinos, de la zona central de México sobre todo, se echan al monte, como Francisco Campos, «a buscar a Dios Nuestro Señor».

«En Cocula (Jalisco), desde el 1º de agosto la iglesia estaba custodiada permanentemente por 100 mujeres en el interior y 150 hombres en el atrio y en el campanario, de noche y de día. Los cinco barrios se relevaban por turno y a cada alarma se tocaba el bordón. Entonces, todo el mundo acudía al instante, como refiere Porfiria Morales. El 5 de agosto tocó la campana cuando ella estaba en su cocina; su criada María, exclamó: "¡Ave María Purísima!". Se quitó el delantal, tomo su rebozo y un garrote, y cuando aquélla le preguntó a dónde iba, le contestó: "¡Qué pregunta de mi ama! ¿Qué no oye la campana que nos llama a los católicos de la Unión Popular? ¡Primero son las cosas de Dios!" Y salió dejando las cacerolas en el fuego» (Meyer I,103).

No podrá encarecerse suficientemente el valor de las mujeres católicas mexicanas en la Cristiada, repartiendo propaganda, llevando avisos, acogiendo prófugos o cuidando heridos, ayudando clandestinamente al aprovisionamiento de alimentos y armas. Las Brigadas Femeninas de Santa Juana de Arco, las Brigadas Bonitas, escribieron historias de leyenda... Pero, en fin, la guerra es cosa de hombres, y a ella se fueron campesinos recios. Ezequiel Mendoza Barragán, un ranchero de Coalcomán, en Michoacán, cuya voz patriarcal hemos de escuchar en otras ocasiones, lo cuenta así:

«Centenares de personas firmamos los papeles, se enviaron a Calles y a sus secuaces, pero todo fue inútil... Los Calles se creyeron muy grandotes y más nos apretaron, matando gente y confiscando bienes particulares de los católicos. Yo, ignorante, pero con brío, al saber los nuevos procedimientos de tal gobierno, me exalté y quise tapar el sol con un dedo, así eran mis sentimientos, me fui a conquistar gente armada y dispuesta a la guerra en defensa de la libertad de Dios y de los prójimos» (Testimonio 17).

Jean Meyer, en el volumen I de su obra, describe al detalle las vicisitudes que corrió al paso de los años la guerra de la Cristiada, que él divide en estas fases:

-incubación, de julio a diciembre de 1926;
-explosión del alzamiento armado, desde enero de 1927;
-consolidación de las posiciones, de julio 1927 a julio de 1928, es decir, desde que el general Gorostieta asume la guía de los cristeros hasta la muerte de Obregón.
-prolongación del conflicto, de agosto 1928 a febrero de 1929, tiempo en que el Gobierno comienza a entender que no podrá vencer militarmente a los cristeros;
-apogeo del movimiento cristero, de marzo a junio de 1929;
-licenciamiento de los cristeros, en junio 1929, cuando se producen los mal llamados Arreglos entre la Iglesia y el Estado.

México recién había superado un prolongado y muy costoso conflicto armado que ensagrentó durante poco más de siete años buena parte del país. No sólo eso, los cristeros eran un ejército irregular (a pesar de que contaron con algunos militares de carrera en sus filas), que no esperaban recibir pago y que no contaban con mecanismos formales de aprovisionamiento, reclutamiento, entrenamiento, atención a sus heridos o cuidado de los deudos. A diferencia de otros grupos armados en la historia de México, no practicaron la así llamada 'leva' (una práctica por la que se obliga a personas a sumarse a un ejército).

Muchos cristeros fueron colgados en Jalisco y otras ciudades sin juicios, por la sola orden de los oficiales del ejército mexicano.
Citando vivencias sobre personas que vivieron en carne propia la guerra, cuentan que el gobierno mandó quemar todos los documentos de la iglesia,incluidas la Fe de bautizo de todas las personas. Fue una guerra muy tortuosa. Finalmente, a diferencia muchos grupos armados durante la revolución y antes, durante el siglo XIX, el mercado estadounidense de armas estuvo —al menos formalmente-- cerrado para este grupo, por lo que no pudieron adquirir armas o municiones y debían depender de armamento anticuado (mucho de él excedente de la Revolución de 1910-1917) y operar con muy escasa munición.

El ejército «consustancial con el gobierno» en el México de entonces «consideraba a la Iglesia como su adversaria personal. Agente activo del anticlericalismo y de la lucha antirreligiosa, hizo su propia guerra, su guerra religiosa. El general Eulogio Ortiz mandó fusilar a un soldado, en el cuello del cual vió un escapulario. Algunos oficiales llevaban sus tropas al combate al grito de ¡Viva Satán!» (Meyer I,146).
En 1928, luego de una reforma de la Constitución de 1917 y a pesar de que la Revolución mexicana había iniciado al grito de "sufragio efectivo, no reelección", el ex presidente Álvaro Obregón contendió como candidato virtualmente único en las elecciones presidenciales. El Grupo Sonora, se pensaba en ese entonces, repetiría la fórmula seguida 40 años antes por el grupo Oaxaca, encabezado por Porfirio Díaz, para reformar paulatinamente la Constitución. Se decía, sin embargo, que Obregón —a diferencia de Calles— no tenía interés en continuar con el conflicto, por lo que llegaría a un acuerdo para acabar con la guerra. Obregón, sin embargo fue asesinado por José de León Toral en el restaurante "La Bombilla" en el Distrito Federal. Obregón había acudido ahí a participar de un desayuno ofrecido por los legisladores del bloque parlamentario que le apoyaba.

A mediados de 1928 los cristeros, unos 25.000 hombres en armas, «no podían ya ser vencidos, dice Meyer, lo cual constituía una gran victoria; pero el gobierno, sostenido por la fuerza norteamericana, no parecía a punto de caer» (I, 248). En realidad, la posición de los cristeros era a mediados de 1929 mejor que la de los federales, pues, combatiendo por una Causa absoluta, tenían mejor moral y disciplina, y operando en pequeños grupos que golpeaban y huían -piquihuye-, sufrían muchas menos bajas que los soldados callistas. Después de tres años de guerra, se calcula que en ella murieron 25.000 o 30.000 cristeros, por 60.000 soldados federales.

En enero de 1929, el embajador norteamericano Morrow -que insistía al gobierno y a la prensa para que no hablasen de cristeros sino de «bandidos» (I,301)- estimaba improbable pacificar el Estado «antes de que se solucione la cuestión religiosa». En febrero los mismos políticos veían el panorama muy oscuro, y un senador decía en un discurso a sus colegas: «¿Es que nuestros soldados no saben combatir rancheros, o no se quiere que se acabe la rebelión? Pues dígase de una vez y no estemos echando más leña. No se olviden ustedes de que con tres Estados más que se levanten de veras, ¡cuidado con el Poder Público, señores!» (I,285).

A mediados de 1929 se veía ya claramente que, al menos a corto plazo, ni unos ni otros podían vencer. Sin embargo, en este empate había una gran diferencia: en tanto que los cristeros estaban dispuestos a seguir luchando el tiempo que fuera necesario hasta obtener la derogación de las leyes que perseguían a la Iglesia, el gobierno, viéndose en bancarrota tanto en economía como en prestigio ante las naciones, tenía extremada urgencia de terminar el conflicto cuanto antes. Eran, pues, éstas unas favorables condiciones para negociar el reconocimiento de los derechos de la Iglesia.

Las negociaciones.
Desde mediados de 1927 estuvo al mando supremo de los cristeros el general Gorostieta, militar de carrera, a quien iban llegando de cuando en cuando rumores de posibles arreglos entre la Iglesia y el Estado, a espaldas de la Guardia Nacional cristera.

El 2 de junio de 1929 el general Gorostieta, que se oponia al finalizar la guerra hasta que el gobierno no aceptara todas las condiciones de la Iglesia Católica, fue asesinado en una emboscada por los callistas, y le sucedió al frente de la Guardia Nacional el general Degollado.
Al llegar a Emilio Portes Gil, comenzó una larga negociación, en la que participó como mediador, el recién llegado embajador estadounidense Dwight Morrow. Por su parte, la Santa Sede designó al todavía Obispo de Tabasco Pascual Díaz Barreto, como secretario del Comité Episcopal nombrándolo "intermediario oficial" para solucionar el conflicto Iglesia-Estado. Junto con el delegado apostólico Señor Leopoldo Ruiz y Flores, se entrevistaron con el presidente, Lic. Emilio Portes Gil, para llegar a un acuerdo el 21 de junio de 1929 sobre la cuestión religiosa.

Se dio así la entrevista de los jefes Cristeros y el jefe de Operaciones Militares del Estado de Colima el 21 de Junio de 1929.
Se logró un acuerdo de amnistía general para todos los levantados en armas que quisieran rendirse. Se acordó devolver las casas curales y episcopales, y evitar mayores confrontaciones en lo sucesivo. Sin embargo, para ese entonces existía una profunda división en el seno de la Iglesia en México.
La historia de los Arreglos alcanzados en junio de 1929 es tan triste que haremos de ella una referencia muy breve, ateniéndonos sobre todo a la documentada información que López Beltrán ha dado recientemente del asunto. Mons. Ruiz y Flores, Delegado Apostólico ad referendum, escogió como secretario para negociar a Mons. Pascual Díaz y Barreto, el «único Obispo que había mostrado decidido empeño en lograr una transacción con los callistas» (Lpz. Beltrán 499).

Ambos fueron traídos de los Estados Unidos a México, incomunicados en un vagón de tren, por el embajador norteamericano Dwight Whitney Morrow, banquero y diplomático, protestante y masón, cómplice de Calles y del presidente Portes Gil. Ya en la ciudad de México continuaron incomunicados en la lujosa residencia del banquero Agustín Legorreta. No recibieron ni a los Obispos mexicanos ni a un enviado de la Liga. Tampoco quisieron recibier al Obispo Miguel de la Mora, secretario del Subcomité Episcopal, que mandó aviso a Mons. Flores de que «tenía grandes y urgentes cosas que comunicarle, y que no fuera a pactar nada sin antes oírlo». Las puertas de aquella casa, en esos días, sólo estuvieron abiertas «para Morrow, para los sacerdotes extranjeros: Wilfrid y Parsons y Edmundo Walsh, S.J. [experto en política internacional de la universidad de Georgetown], para Cruchaga Tocornal, el embajador de Chile, y para otros extranjeros. Para los extraños. No para los mexicanos» (Lpz. Beltrán 516).

Puede afirmarse, pues, que los dos Obispos de los Arreglos con Portes Gil no cumplieron las Normas escritas que Pío XI les había dado, pues no tuvieron en cuenta el juicio de los Obispos, ni el de los cristeros o la Liga Nacional; tampoco consiguieron, ni de lejos, la derogación de las leyes persecutorias de la Iglesia; y menos aún obtuvieron garantías escritas que protegieran la suerte de los cristeros una vez depuestas las armas.

Sólamente consiguieron del Presidente unas palabras de conciliación y buena voluntad, y unas Declaraciones escritas en las que, sin derogar ley alguna, se afirmaba el propósito de aplicarlas «sin tendencia sectaria y sin perjuicio alguno». Así las cosas, los dos Obispos, convencidos por el embajador norteamericano Morrow de que no era posible conseguir del Presidente más que tales Declaraciones, y aconsejados por Cruchaga y el padre Walsh, que las «creían suficientes», aceptaron este documento redactado personalmente en inglés por el mismo Morrow:

«El Obispo Díaz y yo hemos tenido varias conferencias con el C. Presidente de la República... Me satisface manifestar que todas las conversaciones se han significado por un espíritu de mutua buena voluntad y respeto. Como consecuencia de dichas Declaraciones hechas por el C. Presidente, el clero mexicano reanudará los servicios religiosos de acuerdo con las leyes vigentes. Yo abrigo la esperanza de que la reanudación de los servicios religiosos [expresión protestante, propia de Morrow, su redactor] pueda conducir al Pueblo Mexicano, animado por un espíritu de buena voluntad, a cooperar en todos los esfuerzos morales que se hagan para beneficio de todos los de la tierra de nuestros mayores. México, D.F. Junio 21 de 1929.-Leopoldo Ruiz, Arzobispo de Morelia y Delegado Apostólico» (Lpz. Beltrán página 527).

Las leyes vigentes, por supuesto, eran aquéllas que habían desencadenado la Cristiada. ¿Para derogar aquellas leyes vigentes habían muerto inútilmente veinte o treinta mil cristeros?.

La fractura afectaba desde la cúpula episcopal hasta los laicos. Entre los obispos, la mayoría estaba a favor de un acuerdo con el gobierno, pero habían tres, muy combativos, opuestos al acuerdo. El más decidido de los obispos en contra del acuerdo fue monseñor Leopoldo Lara y Torres, obispo de Tacámbaro en Michoacán. En el otro extremo, presionando para que se lograra un acuerdo con el gobierno, se encontraban los obispos de la Ciudad de México José Mora y del Río y de Tabasco Pascual Díaz Barreto S.J.

Más importantes, acaso, que las divisiones fueron las consecuencias que el conflicto y el desempeño de los laicos católicos vinculados a la Liga tuvieron para marcar el futuro de las relaciones entre laicos y obispos en el seno de la Iglesia católica en México. Como consecuencia de la ruptura entre la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa y los obispos mexicanos, estos últimos desarrollaron una política de creciente centralización y control de las actividades de los laicos católicos mexicanos por medio de la Acción Católica Mexicana.
En todo caso, la Liga y la mayoría de los efectivos de los ejércitos cristeros no aceptaron el acuerdo, así que estimaciones de personajes cercanos a la Liga señalan que de unas 50 mil personas involucradas directa o indirectamente en las acciones militares, sólo 14 mil depusieron las armas, aunque estas cifras han sido motivo de debate.

Bajo la fuerte presión del gobierno de Estados Unidos, que a su vez respondía a las peticiones repetidas de obispos y laicos católicos en ese país, el presidente Portes Gil anunció que la Iglesia católica se sometería a la ley sin que la Constitución sufriera alguna modificación. A partir de ese momento, sin embargo, el país entró en lo que investigadores de la relación Iglesia-Estado en México han calificado como un periodo de "relaciones nicodémicas", en referencia a Nicodemo, el fariseo que se acercaba a Jesús de noche (de ahí el término nicodemo, "el que viene de noche"). Otros calificaron a este periodo, que se extendería hasta 1929, como un "modus vivendi", un modo de vivir, en el que el Estado renunciaba a la aplicación de la ley y la Iglesia renunciaba a exigir sus derechos. Estas relaciones nicodémicas o modus vivendi debieron enfrentar, sin embargo un severo momento de prueba cuando Calles, presionado por los efectos devastadores de la crisis de 1929 pronunció el así llamado Grito de Guadalajara.

El embajador estadounidense Morrow y Portes Gil, el 27 de junio de 1929, dieron un gran banquete al presidente Portes Gil, el cual a los postres habló :

«a sus reverendos hermanos»:
«Mientras el clero fue rebelde a las Instituciones y a las Leyes, el Gobierno de la República estuvo en el deber de combatirlo... Ahora, queridos hermanos, el clero ha reconocido plenamente al Estado. Y ha declarado sin tapujos: que se somete estrictamente a las Leyes (aplausos). Y yo no podía negar a los católicos el derecho que tienen de someterse a las Leyes... La lucha [sin embargo] es eterna. La lucha se inició hace veinte siglos…. mientras yo esté en el Gobierno, se cumplirá estrictamente con esa legislación (aplausos).
«En México, el Estado y la masonería, en los últimos años, han sido una misma cosa: dos entidades que marchan aparejadas, porque los hombres que en los últimos años han estado en el poder, han sabido siempre solidarizarse con los principios revolucionarios.» (+Lpz. Beltrán páginas 540-541).

En ese Grito, 21 de julio de 1934, Calles - en su oficiosa condición de "jefe máximo de la Revolución mexicana" - hacía un llamado para que Revolución, triunfante en lo militar, se trasladara a partir de ese momento al ámbito de la conciencia, de la educación y, de manera más específica, de la educación de los niños. El Grito de Guadalajara marcó el inicio de una serie de reformas al sistema educativo mexicano que culminaron con el proyecto de la así llamada "educación socialista".
Las tensiones creadas por el Grito fueron de tales dimensiones que, una vez más, se organizaron una serie de movilizaciones que, por su magnitud son conocidas como "La Segunda", es decir, la Segunda Cristiada, aunque en esta ocasión no hubo fracturas en el seno del episcopado.
No sólo eso. Desde Roma, el Papa Pío XI, consternado ante lo que parecía el inicio de un nuevo ciclo de violencia en México, publicó la encíclica Acerba Animi en septiembre de 1932.

A pesar de las tensiones generadas por el Grito de Guadalajara, el gobierno mexicano contribuyó a esta fórmula de relaciones nicodémicas decidiéndose a no aplicar la legislación en materia de cultos, a moderar las reformas en materia educativa (la así llamada "educación socialista" era un lejano recuerdo ya para finales de la década de los cuarenta), pero sobre todo a centralizar, una vez más en la figura del presidente, el manejo de la relación con la Iglesia, con lo que se evitaban nuevos episodios de radicalización a cargo de gobernadores como sucedió en Tabasco con Tomás Garrido Canabal.

Esta decisión fue correspondida por la Iglesia. Los obispos mexicanos "ungieron" al arzobispo de México como interlocutor oficioso con las autoridades federales (los obispos del país no se pronunciarían en materias de política nacional, dejando cualquier opinión en manos del arzobispo de México). No sólo eso, México fue uno de los pocos países del mundo en el que el delegado apostólico fue un obispo del propio país. Esto fue así en el periodo 1927-1951. Durante este tiempo, la representación de la Santa Sede en México fue ejercida sucesivamente por los arzobispos Pascual Díaz Barreto (de la ciudad de México de 1929 a 1936), Leopoldo Ruiz y Flores (de Morelia de 1936 a 1941) y Luis María Martínez (de la ciudad de México de 1941 a 1951).

El capellán de los cristeros de Colima, padre Enrique de Jesús Ochoa, en Los cristeros del volcán de Colima, cuenta que «lloró de verdad el mismo Señor Ruiz y Flores cuando se vió burlado, cuando miró el fracaso de aquellos Arreglos, "si arreglos pueden llamarse", según él mismo dijo, escribiendo de su puño y letra (el 1º de agosto de 1929)».

Y añade: «Yo mismo he visto llorar al Papa [Pío XI] cuando trata el asunto de los arreglos de México: L’ho veduto piàngere, decía el Cardenal Boggiani al vicepresidente de la Liga Nacional, don Miguel Palomar y Vizcarra; y al que esto escribe, en Roma el año 1930» (+Lpz. Beltrán página 517).
La Iglesia Católica era atacada en Europa y en América, con un intento de destruirla en los países más católicos y donde había mayoria católica, Rusia, España, México.
Al hacerlo así, se constituyó en México lo que distintos analistas de las relaciones Estado-Iglesia han calificado como un modus vivendi, un "modo de vivir" entre las autoridades civiles que optaban por no aplicar las leyes y las autoridades religiosas que decidieron no disputar de manera pública las condiciones que les habían sido impuestas.

Durante este periodo, las relaciones Iglesia-Estado en México oscilaron de buenas con Manuel Ávila Camacho, el primer presidente en mucho tiempo en declararse públicamente como católico, a excelentes con Miguel Alemán (monseñor Luis María Martínez se convirtió en una figura omnipresente en las giras y actividades públicas del presidente veracruzano), a ser de colaboración con Adolfo López Mateos (quien logró que en su campaña presidencial de 1958 un sacerdote en el de Zacatecas--Antonio Quintanar, párroco de Tlaltenango--pronunciara, a pesar del artículo 130, un discurso apoyando su candidatura el 1 de febrero de ese año), a tensas con Luis Echeverría Álvarez y finalmente a insostenibles con José López Portillo, quien debió asistir--acaso sin reconocerlo--a los "funerales públicos" del modus vivendi y la legislación entonces vigente en México. Lo que es más, los "funerales" fueron presididos por el entonces recién electo Papa Juan Pablo II.

Juan Pablo II acudió a México, en enero de 1979, a inaugurar la tercera Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla, México. Sin embargo, su viaje motivó una serie de espontáneas expresiones de apoyo y alegría por su presencia en la capital del país, que hicieron impensable la aplicación de lo dispuesto por el artículo 130 de la constitución y sus leyes reglamentarias, en materia de expresiones de culto público.

En los próximos años, la Iglesia, especialmente los líderes de la Conferencia del Episcopado Mexicano como Ernesto Corripio Ahumada, lanzaron una serie de retos a la legislación vigente en el país que culminaron en 1992. Fue entonces cuando el presidente Carlos Salinas de Gortari promovió una serie de reformas a los artículos 3, 5, 27, 28 y 130 de la Constitución, apoyadas por una abrumadora mayoría de diputados y senadores del Congreso electos por los tres principales partidos políticos de México (Partido Revolucionario Institucional, Partido Acción Nacional y Partido de la Revolución Democrática). El siguiente paso ocurrió cuando se reanudaron, luego de más de un siglo de estar interrumpidas, las relaciones diplomáticas entre México y la Santa Sede para dar paso, finalmente, a la promulgación de nuevas leyes reglamentarias de las relaciones Estado-iglesias.
En 1993 el gobierno de México concedió a la Iglesia un precario reconocimiento legal como asociación religiosa, y reestableció sus relaciones diplomáticas con la Santa Sede.

La nueva legislación otorga personalidad jurídica a las iglesias y devolvió parcialmente los derechos políticos a los así llamados "ministros de culto", que ahora pueden votar. Sin embargo, la legislación mexicana aún desconoce el derecho de los "ministros de culto" a ser votados, además de que impone mecanismos muy restrictivos para el ingreso de personal religioso extranjero a México. La personalidad jurídica de las iglesias está limitada también en lo que hace a su capacidad para ser propietarias de bienes inmuebles y especialmente para ser propietarias u operar medios de comunicación electrónicos.

La guerra cristera dejó una huella profunda en la vida pública mexicana. En un sentido, dejó en clara la disposición de grupos de laicos dentro de la Iglesia a confrontarse con los líderes de ésta. Las autoridades civiles debieron reconocer la imposibilidad práctica del modelo de relaciones Estado-Iglesia definido por la original Constitución de 1917. Los líderes formales del catolicismo mexicano, especialmente sus obispos, fueron obligados a desarrollar estrategias autónomas de organización y financiamiento de sus actividades. Este modelo, sin paralelo en América Latina, ha hecho del catolicismo mexicano un caso atípico cuando se le compara con las experiencias del catolicismo en el resto de hispanoamérica.
En México en el siglo XX se calcula que cerca de 300 mil muertos, la mayoría de ellos civiles católicos mártires dejó como secuela la «guerra cristera».

REY DE NUESTRA PATRIA.

¡VIVA CRISTO REY!

¡VIVA SANTA MARIA DE GUADALUPE!

Dios, Patria y Libertad».

PERSECUCIONES RELIGOSAS. PRIMERA PARTE. ESPAÑA.

PERSUCUCIONES RELIGIOSAS. PRIMERA PARTE.

PERSECUCIONES RELIGIOSAS EN ESPAÑA.


PODEMOS VER CLARAMENTE EN ESTE LISTADO TODOS LOS ASESINATOS COMETIDOS POR LAS FUERZAS DE IZQUIERDA MARXISTA COMUNISTAS ANARQUISTAS, AMPARADAS POR EL FRENTE POPULAR QUE GOBERNO ESPAÑA A PARTIR DE 1930. TAMBIEN PODEMOS VER TODOS LOS TEMPLOS QUE FUERON TOTAL O PARCIALMENTE DESTRUIDOS. TODOS ESTOS QUE FUERON ASESINADOS POR LOS MARXISTAS COMUNISTAS POR ODIO A LA FE SON MARTIRES DE LA IGLESIA CATÓLICA APOSTOLICA ROMANA. POR MOTIVO DE ESTA PERSECUCIÓN, EN 1936 SE INICIO UNA CRUZADA LIBERTADORA EN ESPAÑA CONTRA EL MARXISMO COMUNISMO, QUE FRANCISCO FRANCO FUE SU PRINCIPAL LIDER.

CLERO ASESINADO.
4184 SACERDOTES. ENTRE ELLOS 14 OBISPOS.

RELIGIOSOS ASESINADOS DE DISTINTAS ÓRDENES.
2365 SACERDOTES.

REGLIOSAS ASESINADAS Y VIOLADAS DE DISTINTAS ÓRDENES.
283 RELIGIOSAS.

TEMPLOS DESTRUIDOS TOTAL O PARCIALMENTE.
5828 TEMPLOS DEL CLERO Y ORDENES RELIGIOSAS, SUMANDO CAPILLAS, MONMASTERIOS Y MONUMENTOS RELIGIOSOS, MAS DE 20 MIL OBRAS CATÓLICAS FURON DESTRUIDAS.

PERSONAL LAICO QUE AYUDABA EN LOS TEMPLOS ASESINADOS.
NO HAY UNA LISTA PRECISA DE LOS MISMOS, PERO SEGUN RECIENTES CALCULOS MAS DE 3000 SEGLARES. MAYORIA PERTENECIENTES A GRUPOS CATÓLICOS ACTIVOS, COMO ACCIÓN CATÓLICA.

CIVILES MUERTOS POR LAS FUERZAS DE IZQUIERDA MARXISTA COMUNISTA ANARQUISTA.
NO HAY UN NUMERO PRECISO, PERO SE CUENTAN EN MÁS DE 10 MIL CIVILES Y LAICOS CATÓLICOS, EN TODOS LOS AÑOS DE LUCHA.

TAMBIEN SE DESTRUYERON CIENTOS DE IMAGENES DE JESÚS, MARÍA Y MUCHOS SANTOS.

(EXTRATADO DEL LIBRO PERSECUCIONES RELIGIOSAS EN ESPAÑA, DE A. MONTERO MORENO)

MUCHOS DE QUIENES PARTICIPARON EN ESTO ABERRANTES HECHOS FUERON LLEVADOS A PRISIÓN MAS POR LA PRESIÓN POPULAR QUE POR EL DESEO DEL GOBIERNO DEL FRENTE POPULAR DE IZQUIERDA PARA JUZGARLOS.
ES ASÍ QUE EL 3 DE SEPTIEMBRE DE 1936, EN MADRID, EL GOBIERNO DE IZQUIERDA MARXISTA COMUNISTA DICTA UN DECRETO DANDO ANMISTIA TOTAL Y E IRRESTRICTA A TODOS LOS QUE COMETIERON ESTOS DELITOS.

SE CITA A CONTINUACÓN LA PALABRAS DEL CONSEJO DE MINISTROS DURANTE EL GOBIERNO DE IZQUIERDA DEL FRENTE POPULAR DE LAGO CABALLERO, SE DICE:

La situación de hecho de la Iglesia, a partir de julio pasado (1937), en todo el territorio leal, excepto el vasco, es la siguiente: a) Todos los altares, imágenes y objetos de culto, salvo muy contadas excepciones, han sido destruidos, los más con vilipendio. b) Todas las iglesias se han cerrado al culto, el cual ha quedado total y absolutamente suspendido. c) Una gran parte de los templos, en Cataluña con carácter de normalidad, se incendiaron. d) Los parques y organismos oficiales recibieron campanas, cálices, custodias, candelabros y otros objetos de culto, los han fundido y aun han aprovechado para la guerra o para fines industriales sus materiales. e) En las iglesias han sido instalados depósitos de todas clases, mercados, garajes, cuadras, cuarteles, refugios y otros modos de ocupación diversos, llevando a cabo -los organismos oficiales los han ocupado en su edificación obras de carácter permanente. f) Todos los conventos han sido desalojados y suspendida la vida religiosa en los mismos. Sus edificios, objetos de culto y bienes de todas clases fueron incendiados, saqueados, ocupados y derruidos. g) Sacerdotes y religiosos han sido detenidos, sometidos a prisión y fusilados sin formación de causa por miles, hechos que, si bien amenguados, continúan aún, no tan sólo en la población rural, donde se les ha dado caza y muerte de modo salvaje, sino en las poblaciones. Madrid y Barcelona y las restantes grandes ciudades suman por cientos los presos en sus cárceles sin otra causa conocida que su carácter de sacerdote o religioso. h) Se ha llegado a la prohibición absoluta de retención privada de imágenes y objetos de culto. La policía que practica registros domiciliarios, buceando en el interior de las habitaciones, de vida íntima personal o familiar, destruye con escarnio y violencia imágenes, estampas, libros religiosos y cuanto con el culto se relaciona o lo recuerda.

EL MINISTRO DE ASUNTOS EXTERIROES DE FRANCIA, QUE ERA REPRESENTANTE DEL GOBIERNO DE IZQUIERDA DE ESE PAÍS, EXPRESA Y ES TESTIGO DEL DESCRÉDITO DEL BANDO REPUBLICANO COMO RESULTADO DE LA VIOLENCIA RELIGIOSA:

¡Qué espectáculo!... desde hace cerca de dos años y después de afrentosas masacres en masa de miembros del clero, las iglesias siguen devastadas, vacías, abiertas a todos los vientos. Ningún cuidado, ningún culto. Nadie se atreve a aproximarse a ellas. En medio de calles bulliciosas o de parajes desiertos, los edificios religiosos parecen lugares pestíferos. Temor, desprecio o indiferencia, las miradas se desvían. Las casas de Cristo y sus heridas permanecen como símbolos permanentes de la venganza y del odio. En las calles, ningún hábito religioso, ningún servidor de la Iglesia, ni secular ni regular. Todos los conventos han sufrido la misma suerte. Monjes, hermanas, frailes, todos han desaparecido. Muchos murieron de muerte violenta. Muchos pudieron pasar a Francia gracias a los meritorios esfuerzos de nuestros cónsules, puerto de gracia y aspiración de refugio para tantos españoles desde los primeros días de la tormenta. Por decreto de los hombres, la religión ha dejado de existir. Toda vida religiosa se ha extinguido bajo la capa de la opresión del silencio. A todo lo largo de las declaraciones gubernamentales, ni una palabra; en la prensa, ni una línea. Sin embargo, la España republicana se dice democrática. Sus aspiraciones, sus preocupaciones políticas esenciales, la empujan hacia las naciones democráticas de Occidente. Su Gobierno desea sinceramente, así lo proclama, ganar la audiencia del mundo, hacer evolucionar a España según sus principios y siguiendo sus vías. Como ellas, se declara partidario de la libertad de pensamiento, de la libertad de conciencia, de la libertad de expresión. Hace mucho tiempo ha aceptado el ejercicio del culto protestante y del culto israelita. Pero permanece mudo hacia el catolicismo y no lo tolera en absoluto. Para él el catolicismo no merece ni la libre conciencia, ni el libre ejercicio del culto. El contraste es tan flagrante que despierta dudas sobre su sinceridad, que arrastra el descrédito sobre todas sus restantes declaraciones y hasta sobre sus verdaderos sentimientos. Sus enemigos parecen tener derecho a acusarle de duplicidad o de impotencia. Como su interés, como infinitas ventajas le llevarían con toda evidencia a volverse hacia la Iglesia, se le acusa sobre todo de impotencia. A pesar de sus denegaciones, a pesar de todas las pruebas aducidas de su independencia y de su autonomía, se le cree ligado a las fuerzas extremistas, a los ateísmos militantes, a las ideologías extranjeras. Si fuera verdaderamente libre, se dice, si su inspiración e influencias procedieran efectivamente de Inglaterra o de Francia, ¿cómo ese Gobierno no ha atemperado el rigor de sus exclusivismos, olvidando su venganza, y reniega de su ideología?


EL EMBAJADOR DE ESTAODS UNIDOS EN ESPAÑA HACE UNA DECLARACIONES MAS QUE ESCLARECEDORAS EN ESOS MOMENTOS, AL REFERIRSE A LOS HECHOS DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA, TIRANDO ASÍ CIERTOS MITOS Y LEYENDAS QUE MUCHAS VECES SE HAN CONTADO.

..esta lealtad de los católicos vascos a la democracia ponía en un aprieto a los propagandistas que insistían en que los moros y los nazis estaban luchando para salvar a la religión cristiana del comunismo.

Claude Bowers, Misión en España: en el umbral de la Segunda Guerra Mundial 1933-1939, cap. El martirio de los vascos. Ed. Exito, 1978, ISBN 84-253-9223-3


El 27 de abril de 2007, la Conferencia Episcopal Española en su octogésima novena asamblea plenaria celebrada en Madrid, emitió un comunicado "Mensaje con motivo de la beatificación de 498 mártires del siglo XX en España" por el que se anunciaba una nueva ceremonia de beatificación, prevista para octubre de 2007, de 498 religiosos asesinados no solo durante la Guerra Civil española, sino también en los episodios de Asturias en 1934.

Juan Antonio Martínez Camino, secretario portavoz de la Conferencia, presentó a los medios de comunicación el 27 y el 28 de abril de 2007 la declaración sobre este acto declarando que constituye su aportación a la reconciliación nacional pues:

"los mártires, que murieron perdonando, son el mejor aliento para que todos fomentemos el espíritu de reconciliación" que será aprovechado como "un estímulo para la renovación de la vida cristiana" en España, pues "se trata, ante todo, de glorificar a Dios por la fe que vence al mundo", en un contexto que considera que "...al tiempo que se difunde la mentalidad laicista, la reconciliación parece amenazada en nuestra sociedad".

Varias semanas más tarde, se manifestó el obispo de Tarazona, Demetrio Fernández, reafirmando la tradicional consideración de "mártires" según la Iglesia, reservada a las personas beatificadas y responsabilizando al marxismo y laicismo de su suerte:

Se les pidió renunciar a su fe y ellos se mantuvieron firmes en esa fe y en su amor a Cristo. Con ello se pretendía borrar la fe y toda huella religiosa, en aras de una ideología totalitaria llena de odio contra Dios y contra la religión. Ideas marxistas y laicistas, plasmadas en personas concretas, se proponían borrar a Dios del mapa. Y en medio de tanta destrucción y de tanto odio, prevaleció el amor más grande. La Iglesia, experta en humanidad, con dos mil años de historia, reconoce en ellos a sus mejores hijos. Los sacerdotes que fueron víctimas de los republicanos son “mártires que murieron perdonando”.

La iniciativa emprendida por el arzobispado de Valencia para construir un templo llamado "Parroquia Santuario de los Beatos Mártires Valencianos", con el que según el arzobispado pretende honrar la memoria de los valencianos muertos en la Guerra Civil "por el odio a la fe" es criticada por sectores de la izquierda española e internacional, junto con los alidados de siempre que estan contra la Iglesia Católica.

ENCICLICA DIVINI REDEMPTORIS. PIO XII.

ENCICLICA DIVINI REDEMPTORIS.

Divini Redemptoris, 1937, Papa Pío XI.

Carta encíclica promulgada el 19 de marzo de 1937. Sobre el Marxismo Comunismo ateo. A los patriarcas, primados, arzobispos, obispos y otros ordinarios, en paz y comunión con la Sede Apostólica.

1. La promesa de un Redentor divino ilumina la primera página de la historia de la humanidad; por esto la confiada esperanza de un futuro mejor suavizó el dolor del paraíso perdido (Cf. Gén 3,23) y acompañó al género humano en su atribulado camino hasta que, en la plenitud de los tiempos (Gál 4,4), el Salvador del mundo, apareciendo en la tierra, colmó la expectación e inauguró una nueva civilización universal, la civilización cristiana, inmensamente superior a la que el hombre había hasta entonces alcanzado trabajosamente en algunas naciones privilegiadas.

2. Pero la lucha entre el bien y el mal quedó en el mundo como triste herencia del pecado original y el antiguo tentador no ha cesado jamás de engañar a la humanidad con falaces promesas. Por esto, en el curso de los siglos, las perturbaciones se han ido sucediendo unas tras otras hasta llegar a la revolución de nuestros días, la cual por todo el mundo es ya o una realidad cruel o una seria amenaza, que supera en amplitud y violencia a todas las persecuciones que anteriormente ha padecido la Iglesia. Pueblos enteros están en peligro de caer de nuevo en una barbarie peor que aquella en que yacía la mayor parte del mundo al aparecer el Redentor.

3. Este peligro tan amenazador, como habréis comprendido, venerables hermanos, es el comunismo bolchevique y ateo, que pretende derrumbar radicalmente el orden social y socavar los fundamentos mismos de la civilización cristiana.

I. POSICIÓN DE LA IGLESIA FRENTE AL COMUNISMO.
Condenaciones anteriores.

4. Frente a esta amenaza, la Iglesia católica no podía callar, y no calló. No calló esta Sede Apostólica, que sabe que es misión propia suya la defensa de la verdad, de la justicia y de todos aquellos bienes eternos que el comunismo rechaza y combate. Desde que algunos grupos de intelectuales pretendieron liberar la civilización humana de todo vínculo moral y religioso, nuestros predecesores llamaron abierta y explícitamente la atención del mundo sobre las consecuencias de esta descristianización de la sociedad humana. Y por lo que toca a los errores del comunismo, ya en el año 1846 nuestro venerado predecesor Pío IX, de santa memoria, pronunció una solemne condenación contra ellos, confirmada después en el Syllabus. Dice textualmente en la encíclica Qui pluribus: "[A esto tiende] la doctrina, totalmente contraria al derecho natural, del llamado comunismo; doctrina que, si se admitiera, llevaría a la radical subversión de los derechos, bienes y propiedades de todos y aun de la misma sociedad humana". Más tarde, uno predecesor nuestro, de inmortal memoria, León XIII, en la encíclica Quod Apostolici numeris, definió el comunismo como "mortal enfermedad que se infiltra por las articulaciones más íntimas de la sociedad humana, poniéndola en peligro de muerte", y con clara visión indicaba que los movimientos ateos entre las masas populares, en plena época del tecnicismo, tenían su origen en aquella filosofía que desde hacía ya varios siglos trataba ele separar la ciencia y la vida de la fe y de la Iglesia.

Documentos del presente pontificado.

5. También Nos, durante nuestro pontificado, hemos denunciado frecuentemente, y con apremiante insistencia, el crecimiento amenazador de las corrientes ateas. Cuando en 1924 nuestra misión de socorro volvió de la Unión Soviética, Nos condenamos el comunismo en una alocución especial dirigida al mundo entero. En nuestras encíclicas Miserentissimus Redemptor, Quadragesimo anno, Caritate Christi, Acerba animi, Dilectissima Nobis Nos hemos levantado una solemne protesta contra las persecuciones desencadenadas en Rusia, México y España; y no se ha extinguido todavía el eco universal de las alocuciones que Nos pronunciamos el año pasado con motivo de la inauguración de la Exposición Mundial de la Prensa Católica, de la audiencia a las prófugos españoles y del radiomensaje navideño. Los mismos enemigos más encarnizados de la Iglesia, que desde Moscú dirigen esta hucha contra la civilización cristiana, atestiguan con sus ininterrumpidos ataques de palabra y de obra que el Papado, también en nuestros días, ha continuado tutelando fielmente el santuario de la religión cristiana y ha llamado la atención sobre el peligro comunista con más frecuencia y de un modo más persuasivo que cualquier otra autoridad pública terrena.

Necesidad de otro documento solemne.

6. Pero, a pesar de estas repetidas advertencias paternales, que vosotros, venerables hermanos, con gran satisfacción nuestra, habéis transmitido y comentado con tanta fidelidad a los fieles por medio de frecuentes y recientes pastorales, algunas de ellas colectivas, el peligro está agravándose cada día más por la acción de hábiles agitadores. Por este motivo, nos creemos en el deber de elevar de nuevo nuestra voz con un documento aún más solemne, como es costumbre de esta Sede Apostólica, maestra de verdad, y como lo exige el hecho de que todo el mundo católico desea ya un documento de esta clase. Confiamos que el eco de nuestra voz será bien recibido por todos aquellos que, libres de prejuicios, desean sinceramente el bien de la humanidad. Confianza que se ve robustecida por el hecho de que nuestros avisos están hoy día confirmados por los frutos amargos cuya aparición habíamos previsto y anunciado, y que de hecho van multiplicándose espantosamente en los países dominados ya por el mal y amenazan caer sobre los restantes países del mundo.

7. Queremos, por tanto, exponer de nuevo en breve síntesis los principios y los métodos de acción del comunismo ateo tal como aparecen principalmente en el bolchevismo, contraponiendo a estos falaces principios y métodos la luminosa doctrina de la Iglesia y exhortando de nuevo a todos al uso de los medios con los que la civilización cristiana, única civitas verdaderamente humana, puede librarse de este satánico azote y desarrollarse mejor para el verdadero bienestar ele la sociedad humana.

II. DOCTRINA Y FRUTOS DEL COMUNISMO.
Falso ideal.

8. El comunismo de hoy, de un modo más acentuado que otros movimientos similares del pasado, encierra en sí mismo una idea de aparente redención. Es un falso ideal de justicia, de igualdad y de fraternidad en el trabajo satura toda su doctrina y toda su actividad con un cierto misticismo falso, que a las masas halagadas por falaces promesas comunica un ímpetu y un entusiasmo contagiosos, especialmente en un tiempo como el nuestro, en el que por la defectuosa distribución de los bienes de este mundo se ha producido una miseria general hasta ahora desconocida. Más aún: se hace alarde de este falso ideal, como si hubiera sido el iniciador de un progreso económico, progreso que, si en algunas regiones es real, se explica por otras causas muy distintas, como son la intensificación de la productividad industrial en países que hasta ahora carecían de ella; el cultivo de ingentes riquezas naturales, sin consideración alguna a los valores humanos, y el uso de métodos inhumanos para realizar grandes trabajos con un salario indigno del hombre.

Materialismo evolucionista de Marx.

9. La doctrina que el comunismo oculta bajo apariencias a veces tan seductoras se funda hoy sustancialmente sobre los principios, ya proclamados anteriormente por Marx, del materialismo dialéctico y del materialismo histórico, cuya única genuina interpretación pretenden poseer los teóricos del bolchevismo. Esta doctrina enseña que sólo existe una realidad, la materia, con sus fuerzas ciegas, la cual, por evolución, llega a ser planta, animal, hombre. La sociedad humana, por su parte, no es más que una apariencia y una forma de la materia, que evoluciona del modo dicho y que por ineluctable necesidad tiende, en un perpetuo conflicto de fuerzas, hacia la síntesis final: una sociedad sin clases. En esta doctrina, como es evidente, no queda lugar ninguno para la idea de Dios, no existe diferencia entre el espíritu y la materia ni entre el cuerpo y el alma: no existe una vida del alma posterior a la muerte, ni hay, por consiguiente, esperanza alguna en una vida futura. Insistiendo en el aspecto dialéctico de su materialismo, los comunistas afirman que el conflicto que impulsa al mundo hacia su síntesis final puede ser acelerado por el hombre. Por esto procuran exacerbar las diferencias existentes entre las diversas clases sociales y se esfuerzan para que la lucha de clases, con sus odios y destrucciones, adquiera el aspecto de una cruzada para el progreso de la humanidad. Por consiguiente, todas las fuerzas que resistan a esas conscientes violencias sistemáticas deben ser, sin distinción alguna, aniquiladas como enemigas del género humano.

A qué quedan reducidos el hombre y la familia.

10. El comunismo, además, despoja al hombre de su libertad, principio normativo de su conducta moral, y suprime en la persona humana toda dignidad y todo freno moral eficaz contra el asalto de los estímulos ciegos. Al ser la persona humana, en el comunismo, una simple ruedecilla del engranaje total, niegan al individuo, para atribuirlos a la colectividad, todos los derechos naturales propios de la personalidad humana. En las relaciones sociales de los hombres afirman el principio de la absoluta igualdad, rechazando toda autoridad jerárquica establecida por Dios, incluso la de los padres; porque, según ellos, todo lo que los hombres llaman autoridad y subordinación deriva exclusivamente de la colectividad como de su primera y única fuente. Los individuos no tienen derecho alguno de propiedad sobre los bienes naturales y sobre los medios de producción, porque, siendo éstos fuente de otros bienes, su posesión conduciría al predominio de un hombre sobre otro. Por esto precisamente, por ser la fuente principal de toda esclavitud económica, debe ser destruida radicalmente, según los comunistas, toda especie de propiedad privada.

11. Al negar a la vida humana todo carácter sagrado y espiritual, esta doctrina convierte naturalmente el matrimonio y la familia en una institución meramente civil y convencional, nacida de un determinado sistema económico; niega la existencia de un vínculo matrimonial de naturaleza jurídico-moral que esté por encima de la voluntad de los individuos y de la colectividad, y, consiguientemente, niega también su perpetua indisolubilidad. En particular, para el comunismo no existe vínculo alguno que ligue a la mujer con su familia y con su casa. Al proclamar el principio de la total emancipación de la mujer, la separa de la vida doméstica y del cuidado de los hijos para arrastrarla a la vida pública y a la producción colectiva en las mismas condiciones que el hombre, poniendo en manos de la colectividad el cuidado del hogar y de la prole. Niegan, finalmente, a los padres el derecho a la educación de los hijos, porque este derecho es considerado como un derecho exclusivo de la comunidad, y sólo en su nombre y por mandato suyo lo pueden ejercer los padres. ¿Qué sería de la sociedad en realidad basada sobre él marxismo comunismo?. ¿Qué sería, pues, la sociedad humana basada sobre estos fundamentos materialistas? Sería, es cierto, una colectividad, pero sin otra jerarquía unitiva que la derivada del sistema económico. Tendría como única misión la producción de bienes por medio del trabajo colectivo, y como fin el disfrute de los bienes de la tierra en un paraíso en el que cada cual "contribuiría según sus fuerzas y recibiría según sus necesidades".

12. Hay que advertir, además, que el comunismo reconoce a la colectividad el derecho o más bien un ilimitado poder arbitrario para obligar a los individuos al trabajo colectivo, sin atender a su bienestar particular, aun contra su voluntad e incluso con la violencia. En esta sociedad comunista, tanto la moral como el orden jurídico serían una simple emanación exclusiva del sistema económico contemporáneo, es decir, de origen terreno, mudable y caduco. En una palabra: se pretende introducir una nueva época y una nueva civilización, fruto exclusivo de una evolución ciega: "una humanidad sin Dios".

13. Cuando todos hayan adquirido, finalmente, las cualidades personales requeridas para llevar a cabo esta clase de humanidad en aquella situación utópica de una sociedad sin diferencia alguna de clases, el Estado político, que ahora se concibe exclusivamente come instrumento de dominación capitalista sobre el proletariado, perderá necesariamente su razón de ser y se "disolverá"; sin embargo, mientras no se logre esta bienaventurada situación, el Estado y el poder estatal son para el comunismo el medio más eficaz y más universal para conseguir su fin.

14.¡He aquí, venerables hermanos, el pretendido evangelio nuevo que el comunismo bolchevique y ateo anuncia a la humanidad como mensaje de salud y redención! Un sistema lleno de errores y sofismas, contrario a la razón y a la revelación divina; un sistema subversivo del orden social, porque destruye las bases fundamentales de éste; un sistema desconocedor del verdadera origen, de la verdadera naturaleza y del verdadero fin del Estado; un sistema, finalmente, que niega los derechos, la dignidad y la libertad de la persona humana. Difusión.

Vendedores de falsas promesas.

15. Pero ¿a qué se debe que un sistema semejante, científicamente superado desde hace mucho tiempo y refutado por la realidad práctica, se difunda tan rápidamente por todas las partes del mundo? La explicación reside en el hecho de que son muy pocos los que han podido penetrar la verdadera naturaleza y los fines reales del comunismo; y son mayoría, en cambio, los que ceden fácilmente a una tentación hábilmente presentada bajo el velo de promesas deslumbradoras. Con el pretexto de querer solamente mejorar la situación de las clases trabajadoras, suprimir los abusos reales producidos por la economía liberal y obtener una más justa distribución de los bienes terrenos (fines, sin duda, totalmente legítimos), y aprovechando principalmente la actual crisis económica mundial, se consigue atraer a la zona de influencia del comunismo aun a aquellos grupos sociales que por principio rechazan todo materialismo y todo terrorismo. Y como todo error contiene siempre una parte de verdad, esta parte de verdad que hemos indicado, expuesta arteramente en condiciones de tiempo y lugar, aptas para disimular, cuando conviene la crudeza repugnante e inhumana de los principios y métodos del comunismo bolchevique, seduce incluso a espíritus no vulgares, que llegan a convertirse en apóstoles de jóvenes inteligentes poco preparados todavía para advertir los errores intrínsecos del comunismo. Los pregoneros del comunismo saben aprovecharse también de los antagonismos de raza, de las divisiones y oposiciones de los diversos sistemas políticos y hasta de la desorientación en el campo de la ciencia sin Dios para infiltrarse en las universidades y corroborar con argumentos pseudocientíficos los principios de su doctrina.

El liberalismo ha preparado el camino del comunismo.

16. Para explicar mejor cómo el comunismo ha conseguido de las masas obreras la aceptación, sin examen, de sus errores, conviene recordar que estas masas obreras estaban ya preparadas para ello por el miserable abandono religioso y moral a que las había reducirlo en la teoría y en la práctica la economía liberal. Con los turnos de trabajo, incluso dominicales, no se dejaba tiempo al obrero para cumplir sus más elementales deberes religiosos en los días festivos; no se tuvo preocupación alguna para construir iglesias junto a las fábricas ni para facilitar la misión del sacerdote; todo lo contrario, se continuaba promoviendo positivamente el laicismo. Se recogen, por tanto, ahora los frutos amargos de errores denunciados tantas veces por nuestras predecesores y por Nos mismo. Por esto, ¿puede resultar extraño que en un mundo tan hondamente descristianizado se desborde el oleaje del error comunista?

Amplia y astuta propaganda.


17. Existe, además, otra causa de esta tan rápida difusión de las ideas comunistas, infiltradas secretamente en todos los países, grandes y pequeños, cultos e incivilizados, y en los puntos más extremos de la tierra; una propaganda realmente diabólica, cual el mundo tal vez nunca ha conocido; propaganda dirigida desde un solo centro y adaptada hábilmente a las condiciones peculiares de cada pueblo; propaganda que dispone de grandes medios económicos, de numerosas organizaciones, de congresos internacionales, de innumerables fuerzas excelentemente preparadas; propaganda que se hace a través de la prensa, de hojas sueltas, en el cinematógrafo y en el teatro, por la radio, en las escuelas y hasta en las universidades, y que penetra poco a poco en todos los medios sociales, incluso en los más sanos, sin que éstos adviertan el veneno que está intoxicando a diario las mentes y los corazones.

Conspiración del silencio en la prensa.

18. La tercera causa, causa poderosa, de esta rápida difusión del comunismo es, sin duda alguna, la conspiración del silencio que en esta materia está realizando una gran parte de la prensa mundial no católica. Decimos conspiración porque no se puede explicar de otra manera el hecho de que un periodismo tan ávido de publicar y subrayar aun los más menudos incidentes cotidianos haya podido pasar en silencio durante tanto tiempo los horrores que se cometen en Rusia, en México y también en gran parte de España, y, en cambio, hable relativa.,mente tan poco de una organización mundial tan vasta como es el comunismo moscovita. Este silencio, como tos dos saben, se debe en parte a ciertas razones políticas, poco previsoras, que lo exigen —así se afirma—, y está mandado y apoyado por varias fuerzas ocultas que desde hace mucho tiempo tratan de destruir el orden social y político cristiano. Efectos del Marxismo Comunismo, sufrimientos, falta de libertad, cárceles y guerras.

Rusia y México.

19. Mientras tanto, los dolorosos efectos de esta propaganda están a la vista de todos. En las regiones en que el comunismo ha podido consolidarse y dominar —Nos pensamos ahora con singular afecto paterno en los pueblos de Rusia y de México—,se ha esforzado con toda clase de medios por destruir (lo proclama abiertamente) desde sus cimientos la civilización y la religión cristiana y borrar totalmente su recuerdo en el corazón de los hombres, especialmente de la juventud. Obispos y sacerdotes han sido desterrados, condenados a trabajos forzados, fusilados y asesinados de modo inhumano; simple seglares, por haber defendido la religión, han sido considerados como sospechosos, han sido vejados, perseguidos, detenidos y llevados a los tribunales.

Horrores del comunismo en España.

20. También en las regiones en que, como en nuestra queridísima España, el azote comunista no ha tenido tiempo todavía para hacer sentir todos los efectos de sus teorías, se ha desencadenado, sin embargo, como para desquitarse, con una violencia más furibunda. No se ha limitado a derribar alguna que otra iglesia, algún que otro convento, sino que, cuando le ha sido posible, ha destruido todas las iglesias, todos los conventos e incluso todo vestigio de la religión cristiana, sin reparar en el valor artístico y científico de los monumentos religiosos. El furor comunista no se ha limitado a matar a obispos y millares de sacerdotes, de religiosos y religiosas, buscando de un modo particular a aquellos y a aquellas que precisamente trabajan con mayor celo con los pobres y los obreros, sino que, además, ha matado a un gran número de seglares de toda clase y condición, asesinados aún hoy día en masa, por el mero hecho de ser cristianos o al menos contrarios al ateísmo comunista. Y esta destrucción tan espantosa es realizada con un odio, una barbarie y una ferocidad que jamás se hubieran creído posibles en nuestro siglo. Ningún individuo que tenga buen juicio, ningún hombre de Estado consciente de su responsabilidad pública, puede dejar de temblar si piensa que lo que hoy sucede en España tal vez podrá repetirse mañana en otras naciones civilizadas.

Frutos naturales del sistema.

21. No se puede afirmar que estas atrocidades sean un fenómeno transitorio que suele acompañar a todas las grandes revoluciones o excesos aislados de exasperación comunes a toda guerra; no, son los frutos naturales de un sistema cuya estructura carece de todo freno interno. El hombre, como individuo y como miembro de la sociedad, necesita un freno. Los mismos pueblos bárbaros tuvieron este freno en la ley natural, grabada por Dios en el alma de cada hombre. Y cuando esta ley natural fue observada por todos con un sagrado respeto, la historia presenció el engrandecimiento de antiguas naciones, engrandecimiento tan esplendoroso que deslumbraría más de lo conveniente a ciertos hombres de estudios que considerasen superficialmente la historia humana. Pero, cuando se arranca del corazón de los hombres la idea misma de Dios, los hombres se ven impulsados necesariamente a la moral feroz de una salvaje barbarie. Lucha contra todo lo divino.

22. Y esto es lo que con sumo dolor estamos presenciando: por primera vez en la historia asistimos a una lucha fríamente calculada y cuidadosamente preparada contra todo lo que es divino (cf. 2Tes 2,4). Porque el comunismo es por su misma naturaleza totalmente antirreligioso y considera la religión como el "opio del pueblo", ya que los principios religiosos, que hablan de la vida ultraterrena, desvían al proletariado del esfuerzo por realizar aquel paraíso comunista que debe alcanzarse en la tierra.

El terrorismo.

23. Pero la ley natural y el Autor de la ley natural no pueden ser conculcados impunemente; el comunismo no ha podido ni podrá lograr su intento ni siquiera en el campo puramente económico. Es cierto que en Rusia ha contribuido no poco a sacudir a los hombres y a las instituciones de una larga y secular inercia y que ha logrado con el uso de toda clase de medios, frecuentemente inmorales, algunos éxitos materiales; pero no es menos cierto, tenemos de ello testimonios cualifica-dos y recentísimos, que de hecho ni siquiera en el campo económico ha logrado los fines que había prometido, sin contar, por supuesto, la esclavitud que el terrorismo ha impuesto a millones de hombres. Hay que repetirlo: también en el campo económico es necesaria una moral, un sentimiento moral de la responsabilidad, los cuales, ciertamente, no tienen cabida en un sistema cerradamente materialista como el comunismo. Para sustituir este sentimiento moral no queda otro sustitutivo que el terrorismo que presenciamos en Rusia, donde los antiguos camaradas de conjuración y de lucha se eliminan mutuamente; terrorismo que, por otra parte, no consigue contener, no ya la corrupción de la moral, pero ni siquiera la disolución del organismo social.

Recuerdo paterno de los pueblos oprimidos en Rusia.
24. Sin embargo, no queremos en modo alguno condenar globalmente a los pueblos de la Unión Soviética, por los que sentimos el más vivo afecto paterno. Sabemos que no pocos pueblos de Rusia gimen bajo el duro yugo impuesto a la fuerza por hombres, en su mayoría, extraños a los verdaderos intereses del país, y reconocemos que otros muchos han sido engañados con falaces esperanzas. Nos condenamos el sistema, a sus autores y defensores, quienes han considerado a Rusia como el terreno más apto para realizar un sistema elaborado hace mucho tiempo y desde Rusia extenderlo por todo el mundo.

III. LUMINOSA DOCTRINA DE LA IGLESIA.

25. Expuestos los errores y los métodos violentos y engañosos del comunismo bolchevique y ateo, es hora ya, venerables hermanos, de situar brevemente frente a éste la verdadera noción de la civitas humana, de la sociedad humana; esta noción no es otra, como bien sabéis, que la enseñada por la razón y por la revelación por medio de la Iglesia, Magistra gentium. Suprema realidad: ¡Dios!.

26. La afirmación fundamental es ésta: por encima de toda otra realidad está el sumo, único y supremo ser, Dios, Creador omnipotente de todas las cosas, juez sapientísimo de todos los hombres. Esta suprema realidad, Dios, es la condenación más absoluta de las insolentes mentiras del comunismo. Porque la verdad es que no porque los hombres crean en Dios, existe Dios, sino que, porque Dios existe, creen en El y elevan a El sus súplicas todos los hombres que no cierran voluntariamente los ojos a la verdad. El hombre y la familia según la razón y la fe.

27. En cuanto a lo que la razón y la fe católica dicen del hombre, Nos hemos expuesto los puntos fundamentales sobre esta materia en la encíclica sobre la educación cristiana. El hombre tiene un alma espiritual e inmortal; es una persona, dotada admirablemente por el Creador con dones de cuerpo y de espíritu; es, en realidad, un verdadero μιχρός χόσμος, como decían los antiguos, un "pequeño mundo" que supera extraordinariamente en valor a todo el inmenso mundo inanimado. Dios es el último fin exclusivo del hombre en la vida presente y en la vida eterna; la gracia santificante, elevando al hombre al grado de hijo de Dios, lo incorpora al reino de Dios en el Cuerpo místico de Cristo. Por consiguiente, Dios ha enriquecido al hombre con múltiples y variadas prerrogativas: el derecho a la vida y a la integridad corporal; el derecho a los medios necesarios para su existencia; el derecho de tender a su último fin por el camino que Dios le ha señalado; el derecho, finalmente, de asociación, de propiedad y del uso de la propiedad.

28. Además, tanto el matrimonio como su uso natural son de origen divino; de la misma manera, la constitución y las prerrogativas fundamentales de la familia han sido determinadas y fijadas por el Creador mismo, no por la voluntad humana ni por los factores económicos. De estos puntos hemos hablado ampliamente en la encíclica sobre el matrimonio cristiano y en la encíclica, ya antes citada, de la educación cristiana de la juventud.